La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Mar, 21 Mar, 2017

Al pie de la guillotina

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BLAS MATAMORO / La revolución francesa guillotinó al rey Luis XVI y a la reina María Antonieta. Pasado el proceso revolucionario y derrotado Napoleón, los Borbones volvieron al trono de Francia en 1815. Según dijo el depuesto Bonaparte, no habían olvidado nada de lo que sabían pero no habían aprendido nada nuevo. Curiosamente, es lo que hubo pasado con la música, tanto durante la revolución como con la restauración. La novedad vendría luego, en los años del convulso romanticismo, con su interminable sucesión de revoluciones y restauraciones.

Una de las cosas de las que se ocuparon los monarcas restaurados, hermanos del decapitado Luis, fue reparar su memoria, esposa incluida, a pesar de que en vida la habían despreciado por ser austriaca. Los restos regios fueron inhumados primero en una capilla expiatoria en el cementerio junto a la iglesia de la Magdalena para luego ser transportados a la catedral de Saint Denis donde tradicionalmente se inhumaba a los reyes franceses. En dicho templo se interpretó por primera vez en 1816 el Requiem de Jean-Paul Égide Martini, compuesto en memoria de los difuntos monarcas.

Martini, nativo del Palatinado alemán (1741-1816) fue músico de corte durante el Antiguo Régimen y logró sobrevivir a los vaivenes revolucionarios. Con la restauración se lo designó superintendente de música y en tal carácter se le confiaron las honras fúnebres ya referidas.

Algo similar había ocurrido en 1815 durante el Congreso de Viena, que reunió a los países europeos y repartió tierras, tronos y fronteras en el nuevo mapa político del continente. Una de sus solemnidades ocurrió en la catedral de San Esteban y asimismo en memoria de los degollados monarcas franceses. El encargo recayó en el austriaco Sigismond Neukromm (1758-1858), experto en servir musicalmente a las monarquías, pues lo hizo en San Petersburgo, Río de Janeiro, Viena y París, donde se quedó a trabajar desde 1822 al servicio de la princesa de Vaudémont quien lo vinculó con el futuro rey Luis Felipe. En rigor, lo que hizo fue refritar una misa antes dedicadas a sus maestros Haydn y Weissauer.

Sin ponerse de acuerdo, ambos compositores hicieron la misma música en los mismos ambientes y las mismas fechas. Provenían del siglo XVIII y su formación era escolástica y sólida. Adheridos al catolicismo, siguieron la estética que sintetizaba la pompa con la liturgia, la celebración operística con el sacrificio de la misa, la evidencia de una armonía clara y una planificación traslúcida con los misterios de lo sobrenatural. Al igual que los Borbones, ni habían olvidado ni habían aprendido pero sabían hacer muy bien lo que hacían.

También y sin ponerse de acuerdo, hacen muy bien lo que hacen las exquisitas tropas que dirigen Jean-Claude Malgoire y Wolfgang Riedelbauch. Son expertos en el repertorio afectado, tienen una delectación en la época y han rehuido felizmente las tentaciones del historicismo, de modo que podemos escuchar con gusto y sonoridades del siglo XXI estas partituras del siglo XVIII escritas a principios del XIX.

Mención aparte merece el De profundis de Gluck, nombre que no necesita presentación. Gluck lo compuso por las buenas sin imaginar que sería escuchado en sus propios funerales, bajo la dirección de su amigo Antonio Salieri.

Christophorus CHR 77413

Alpha Classics ALPHA 966

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