La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

¡Albricias!

Compartir
Etiquetas

OBS-07

MARIANO ACERO RUILÓPOEZ /

Cada nuevo disco de la Orquesta Barroca de Sevilla es una satisfacción más para el melómano: es la comprobación de la buena música que en el pasado se hacía en España, presentada, además, en una interpretación de primera categoría. En este caso, hablamos de una grabación dedicada monográficamente a Juan Manuel (García) de la Puente (1692-1753), compositor alcarreño de nación (vio la luz en Tomellosa, en la actual provincia de Guadalajara), toledano de formación (en la catedral primada) y andaluz por residencia: a la temprana edad de 19 años fue elegido maestro de capilla de la catedral de Jaén y en ese puesto se mantuvo durante el resto de su vida. Pero la arriesgada apuesta del cabildo catedralicio al designar a alguien tan bisoño para asumir la dirección de la música de su templo se vio de sobra compensada por la enorme calidad que atesoraba el alcarreño. De vida rutinaria y tranquila, De la Puente no dejó apenas huella en la documentación al margen de las actividades propias de su oficio, pero su legado musical fue impresionante: cerca de un millar de composiciones, de las que, lamentablemente, no se han conservado sino trescientas, primorosamente copiadas bajo su supervisión y correspondientes a su primer período (hasta 1735), en las que emerge su personal estilo entremezclando la herencia autóctona hispana con claros ecos italianizantes en una eficaz fusión que sorprende por sus brillantes efectos.

ONOFRI2

Cinco son las obras que integran el disco. Se abre con un complejo e inmenso Miserere latino de 1726, “un ambicioso salmo a dieciocho partes en siete coros de una riqueza sonora impresionante” (José A. Gutiérrez Álvarez y Javier Marín López en el magnífico folleto que acompaña al disco; ¡ojalá todos los folletos discográficos fueran así!). Está acompañado por otra obra policoral, ahora en romance, un expresivo y sobresaliente villancico dedicado a la Inmaculada (1734). Y por otras tres obras para voz solista, dos de ellas cantatas, una dedicada al Santísimo Sacramento y otra a la Trinidad (versión a lo divino de una cantata humana, es decir, profana) que siguen la clásica estructura italiana de alternancia de recitados y arias da capo. Pero si tuviera que elegir una sola de las obras de este compacto, me quedaría, sin duda, con Lavanderita soy, una deliciosa tonada a la Inmaculada de estructura tradicional (estribillo y coplas), bellísima melodía y un sensual acompañamiento de la cuerda en pizzicato en la que María Espada, en estado de gracia, hace una interpretación literalmente memorable, al igual que en las otras obras para soprano (tiple). Pero esto puede hacerse extensible a los otros solistas que intervienen en las obras corales, la excelente mezzo Marta Infante y el barítono Jesús García Aréjula. Y al coro Vandalia, perfecto en su afinación y empaste. Y, por supuesto, a una arrebatadora Orquesta Barroca de Sevilla, bajo la dirección de Enrico Onofri, sensible, enérgico, pletórico de musicalidad y vitalidad. Escucharlos en el concierto que con este mismo repertorio ofrecieron en la soberbia catedral renacentista de Jaén para conmemorar el centenario del acceso de mi paisano De La Puente a su cargo tuvo que ser, simplemente, inolvidable. Quienes no tuvimos la suerte de vivirlo podemos imaginarlo escuchando esta grabación, que ofrece -ya lo hemos señalado; lo reiteramos subrayándolo con doble línea roja- calidad en su repertorio -nuestro, por añadidura- y excelencia en la interpretación: la doble cara que convierte en imprescindible un disco.

Dejar un comentario

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>