La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Mar, 11 Jul, 2017

Ángel García Cañamero: ‘En un coro el sonido se fabrica desde la emoción’

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BLANCA GUTIÉRREZ CARDONA / Es indudable el éxito que el Coro Nacional de España está teniendo en sus últimas actuaciones, bien  en solitario o junto a la Orquesta Nacional de España. Tras cerrar la temporada 16-17 de la OCNE interpretando el Requiem de Verdi bajo la dirección de David Afkham,  con críticas entusiastas y aplausos unánimes (tanto en Madrid como en su actuación en el Festival Internacional de Granada) el  CNE afronta su último concierto antes de las vacaciones, la interpretación de Carmina Burana de C. Orff en la Plaza Mayor de Madrid, uno más de los festejos que celebran los  400 años de dicha plaza.

Miguel Ángel García Cañamero es el actual director del CNE. Valenciano, inicia allí sus estudios musicales. En 1999, tras diplomarse en piano y dirección coral, ingresa en la Academia de Música “Franz Liszt” de Budapest (Hungría) y en 2002 marcha a Viena, a la Universtat für Musik und Darstellende Kunst para hacer  la carrera de dirección orquestal, que concluye con Matrícula de Honor.

GC: Yo me planteaba la dirección en todo su amplio  espectro. Me inicié en la dirección coral, también fui coralista, y en Valencia estudié dirección coral. Al ir a Budapest me atrajo el universo coral de los países del Este, la escuela Kodaly. En 2002 marcho a Viena y allí durante 6 años hago la carrera de dirección de orquesta. Son dos actividades que he llevado de manera  paralela.

Un director musical debe serlo en todos los aspectos y saber tanto de dirección coral como orquestal. Creo que se benefician mucho ambos campos. La dirección coral tiene algo que la orquesta no tiene, y es que trabajas con el cuerpo humano, con el instrumento más natural, la voz. Es algo que siempre me ha atraído muchísimo, es apasionante.

ADF: Habiendo sido coralista ¿cómo vives dirigir pero no cantar?

GC: Hay cierta morriña. Creo que es muy bueno cumplir ciertos pasos hasta que llegas a colocarte al frente de una agrupación. Como director tienes que haber pasado antes por la cocina, tienes que haber cantado bajo la dirección de muchos maestros para  saber todos los trucos, lo que funciona, lo que no funciona. Porque la dirección coral es muy orgánica, muy psicológica; estás tratando con un instrumento que es una persona, que puede tener un buen día, un mal día… Yo estoy muy orgulloso de haber sido coralista y haber dado el paso a  director.

ADF: Querríamos saber más sobre el CNE ¿Cuántos miembros tiene ahora? ¿Cuál es vuestro  trabajo cotidiano, vuestra rutina? Al no tener concierto todas las semanas, ¿cómo articuláis el trabajo con la orquesta?

GC: El CNE en plantilla oficialmente tiene 85 coralistas, y la plantilla a la que tenemos que llegar es de 93. Es un arco de cantantes  generoso que nos permite abordar el gran repertorio que se supone que es  la especialidad de un coro sinfónico como el nuestro. Dependiendo de la envergadura de  la obra, aunque somos un coro grande, hay ciertos conciertos en los que se necesita reforzar el CNE. Las obras que hemos cantado esta temporada se han hecho con el número de cantantes  suficiente para garantizar la calidad.

En cuanto al ritmo de trabajo, es muy diferente al de la orquesta y tiene que ver con lo que hablábamos antes: un coro es un animal totalmente distinto a una orquesta, no pones el dedo en una cuerda y suena. En un coro el sonido se fabrica desde la emoción, desde la psicología del propio cantante y desde la individualidad de cada uno. Es la magia que tienen los coros, que multiplicas eso por 80 o 90 personas.

En el CNE le dedicamos muchísimo tiempo al ensayo porque hay muchos aspectos que cuidar. No solo ya lo musical o estético en cuanto a la expresión artística final, en donde, por supuesto, el ultimo que se incorpora a esta cadena de trabajo es el maestro, que ya recibe un trabajo perfecto y acabado, y es el que termina de moldearlo estéticamente a su gusto. Hay una gran cantidad de factores a valorar antes, desde la afinación, el empaste, la colocación técnica… todo eso requiere un trabajo diario, como un deportista de élite. Comenzamos a las 10.30 de la mañana con una pequeña vocalización y tras eso trabajamos en el montaje de  la obra. Yo elaboro un plan, que suele durar varias semanas,  en el que montamos la obra; si partimos de cero (con una obra que no hemos cantado nunca) entonces también hacemos seccionales con los jefes de cuerda que tenemos. Este año, por ejemplo, al estreno de la obra de  Jesús Torres Sonetos, que era muy compleja y muy larga, hubo que dedicarle bastantes ensayos y ahí los jefes de cuerda tienen un papel importante. Trabajamos también con el pianista y vamos puliendo la obra poco a poco, según las directrices que los  directores nos pidan, porque siempre se pacta con la línea a seguir. Y llegamos al último eslabón de de la cadena de montaje que es la semana previa al concierto, en la que se trabaja con el maestro a solo, baja un día a trabajar a solo con el CNE y el pianista y de allí subimos a la sala sinfónica con la orquesta para culminar con los tres días de concierto frente al público.

ADF: ¿Se les pide exclusividad a los miembros del CNE?

GC: Se les pide exclusividad como coralistas… Como cantantes  solistas pueden tener proyectos propios con un número limitado de permisos al año. Está muy bien pensado. Son profesionales cotizados y lo que queremos es mantenerlos aquí. Algunos solistas, gente muy buena, han tenido o tienen su carrera de cantantes y la tratan compaginar. Procuramos darles cancha, porque revierte en nuestro beneficio,  un cantante que está activo, que está formándose cantando aquí y allá revierte en beneficio del coro.

ADF: ¿Qué siente un director de coro cuando tiene que entregar su trabajo a otro que se va a llevar el merito?

GC: Me han hecho esa pregunta infinidad de veces (risas). Parece que la imagen desde fuera es ¡pobre director de coro! Y es al contrario, esto es como los mecánicos de Fórmula 1, ¿están tristes porque el piloto se lleva el coche que han preparado? Al revés,  yo tengo una gran satisfacción cuando me abren la puerta y salgo a saludar al final del concierto, porque sé que parte de la ovación  se debe también a mí. No es una sensación mala, al revés,  es de orgullo, de alegría de haber preparado un trabajo. No tienes una presencia tan física como el director de orquesta pero no he sentido nunca que me falte algo. Y con David Afkham tengo una relación estupenda, sin problemas.

ADF: ¿Has tenido alguna vez  algún  choque  con algún director, porque artísticamente no hubiera manera de ponerse de acuerdo?

GC: No, nunca. Siempre digo una frase que me gusta mucho: ‘La música es más inteligente que todos nosotros’. Si se sabe leer en una partitura lo que el compositor ha puesto en ello,  aunque por supuesto haya un pequeño porcentaje de personalidad, realmente está todo ahí. Con una gran obra maestra no hay mucho margen para inventar nada. Solo puede pasar que topes con un director con una personalidad muy excéntrica y ya lo sabes de antemano, con lo que tratas de preguntar antes por dónde van los tiros. No, no me ha pasado nunca tener un choque con un maestro.

ADF: Como director CNE, ¿tienes voz y voto en la elección  de la programación artística?

GC: De una forma natural y amable. Otras personas toman las decisiones pero consultan y preguntan, es una cuestión de naturalidad y de conceptos. Programar es algo muy complejo y lograr una temporada que satisfaga a todo el mundo, a público, orquesta, coro… es una cuestión de equilibrio; mi papel ahí es un poco aconsejar y dar  mi opinión cuando se me pregunta. Luego, en los conciertos corales que son de responsabilidad exclusiva nuestra, ahí sí tengo carta blanca. Y me sirve para valorar lo que hemos hecho otros años, lo que no, tal vez lo que pienso que falta en la temporada sinfónica… aprovecho y lo hago con el CNE solo, para buscar un equilibrio en el contenido de las propuestas .

ADF: El CNE lleva unas temporadas con muy buenos resultados. Te haces cargo de él en el 2015, pero ya estabas como subdirector desde el 11. ¿Qué parte te toca en esta mejora?

GC: (Risas) Es difícil de  contestar… creo que los directores más jóvenes, los que llegamos ahora, tenemos algo muy claro, frente a generaciones anteriores, y es que tenemos que tratar al profesional que tenemos delante de tu a tu, no partir de esas posiciones más endiosadas de los directores que venían a estar en un escalafón mucho más arriba. Esto ya no es así,  esto es un juego en el que tienes que tener clarísimo que esto es un 50%. Lo que yo he tratado de aportar es ser una persona lo más natural posible, trabajador al máximo, para sacar el mayor partido de las personas con las que estás jugando. Trabajas con grandísimos profesionales y hay que saber llevarles. Mi máxima desde el principio es tratar de mantener el standard de calidad. El CNE una institución que desde su fundación el año 71 es un referente coral en España. Cuando llegué tomé conciencia de ese peso y no quiero que vaya que menos. Trabajo, mucha humildad y tratar a la persona como lo que es, un músico que sabe lo mismo que tu y que quiere lo mismo que tu, que es llegar al final de un concierto y ofrecer el mejor resultado posible. No hay más secreto.

ADF: El CNE tiene algunas actuaciones independientes de la ONE…

GC: Antiguamente había un ciclo coral, que ahora se ha integrado en el  ciclo Satélites. Tenemos todos los años dos citas corales solos, en la sala de cámara, con programas de formato de cámara. Este año ha sido especialmente intenso y estoy muy  contento, porque hemos hecho muchas actuaciones fuera de lo que es la temporada sinfónica.  Fuimos a Mallorca a La Almudaina, en un concierto a capella; hicimos un Satélites en octubre; el concierto de Navidad en la Capilla Real,  que fue muy interesante y emocionante porque hacía años que el CNE no visitaba el Palacio Real, muy espectacular, en una colaboración con López Banzo y su grupo. Y hemos tenido el segundo concierto coral con la primera parte de los motetes de Bach, una cita importante, un pulso importante para el CNE. Yo tenía esa ilusión personal, quiero que el CNE entre en un arco de flexibilidad extrema, porque llevan muy a gala que son un coro sinfónico (lo acaban de demostrar en el Réquiem de Verdi) pero yo quiero demostrar que hay  muchas zonas del CNE que como individualidades colectivas pueden funcionar muy bien, tiene profesionales estupendos y pudimos hacer un concierto muy digno  con los motetes de Bach. Esa es la línea a seguir. También hicimos el homenaje a Frübeck de Burgos, que fue muy exitoso: recogimos la idea de Mireia Barreda de sacar al CNE a la sala sinfónica,  y darle el formato sinfónico pero solo al coro, sin la orquesta.

ADF: Al CNE quizá le falte, no personalidad artística,  pero sí proyección hacia la sociedad.

GC: No somos una institución independiente, porque somos OCNE, pero procuramos poco a poco dar ese paso. Estamos abiertos a todo. Hacer una programación es muy complejo, y por supuesto,  sería deseable lograr esa proyección, pero a veces la maquinaria o las oportunidades no dan para más.  Todos los conciertos que he mencionado antes son muchos más que los que se han hecho otras temporadas. Además, el CNE ha participado en el área socioeducativa. No se puede pasar de 0 a 100 en un segundo, pero sí intentamos hacer más de lo que se hacía antes. Intentaremos ir a más…

ADF: ¿Qué trabajo tiene un director de coro cuando toca preparar un Réquiem de Verdi que su coro se sabe con los ojos cerrados?

GC: Más del que te piensas. Es una pequeña broma que tengo  con ellos, cuando les menciono la obra que vamos preparar y dicen ‘Esa nos la sabemos’; yo siempre respondo que nos veremos en los ensayos. Porque siempre hay cosas que trabajar. Como dejar de lado tradiciones obsoletas, porque en estas obras románticas o postrománticas las tradiciones se gestan desde el día del estreno y quedan para la historia. O quitar detalles que uno cree que son externos a la obra o de una visión más antigua, pero  no por capricho. Cuando el director que va dirigir el concierto se reúne contigo y explica su visión de la obra, tienes mucho trabajo que hacer,  muchísimo.

ADF: ¿Afkham ha llevado el Requiem de Verdi por algún lado característico?

GC: Sí, ha tratado de conciliar dos mundos: la visión típica y tópica de ese romanticismo del Réquiem de Verdi, con su juventud, con unos tempo más vivos en algunas zonas, con una actitud muy pulcra en la zona de las fugas, que debido a su monumentalidad no siempre dejan oír toda la música que la obra lleva dentro; ha querido rescatar eso, limpiar la música.

ADF: Y respecto al concierto del próximo miércoles ¿Por qué elegís el Carmina Burana de Orff para el concierto en la Plaza Mayor de Madrid?

GC: El Ayuntamiento se puso en  contacto con nosotros para hacernos una propuesta un poco difusa, sin forma. Nos empezamos a dar cuenta de aspectos que podían influir: es un concierto grande, en un espacio al aire libre, una actuación festiva, popular, con público de todo tipo. No podíamos hacer un concierto de obritas a capella,  porque ni se iba al oír ni iba a interesar. Tampoco elegir una obra muy sesuda. Elegimos el Carmina porque sabemos la reacción que provoca en el público,  sabemos que siempre llena…tiene mucho dentro, melodismo, ritmo, música alegre y divertida y música culta,  siempre causa gran efecto entre el público y es de esas obras top ten del CNE.

ADF: Interpretaréis un arreglo para coro, percusión y dos pianos…

GC: Que no es del propio Orff, sino de un discípulo suyo.

ADF: ¿Tenéis experiencia en conciertos al aire libre?

GC: El de Mallorca fue en el patio de La Almudaina. No pasa nada, uno se hace a las circunstancias, es una especie de reto, se canta de forma diferente, se proyecta la voz y se empasta entre los miembros del coro de manera diferente. Y todo encaja.

ADF: Rainer Steubing-Negenborn (director del CNE de 1995 a 2003) hablaba sobre el carácter latino del coro. Con tu formación centro europea ¿crees que es cierto?

GC: Es cierto, de verdad. Hay muchas condiciones que influyen en las personas, la formación, el carácter, la familia, y el sitio donde uno nace también le cambia. No es un tópico, pero sí que son voces más rotundas, más contundentes, que enlazan curiosamente con una parte del este de Europa, Bulgaria…, otros países mediterráneos. Los coros de Hungría, los bálticos, buscan una vocalidad más plana, con un perfil de coralista muy joven, con formación de coralista no de cantante, a la inversa que aquí. No es ni mejor ni peor, es diferente. El CNE tiene su área de trabajo natural en el arco del siglo XIX  al XXI, intentamos flexibilizarlo hacia las esquinas, pero en ese repertorio es donde se siente a gusto, por su tipo de vocalidad. Al CNE le falta cantar más repertorio del XVIII, Mozart,  Haydn,  incluso el primer romanticismo hasta Mendelssohn. Cuando hagamos eso, ir hacia atrás será más fácil.

ADF: ¿Qué recomiendas al público de la temporada que viene que quiera escuchar al CNE?

GC:¡Que vengan! Hemos vuelto a postulados clásicos, había obras que llevábamos desatendiendo desde hace tiempo, como los grandes oratorios, el Mesías,  la Pasión según San Mateo, el terreno del romanticismo alemán: Elías de Mendelssohn, la Misa nº 3 de Bruckner; obras muy grandes donde esta todo el coro y da el 100%. Las grandes citas el CNE serán de diciembre a abril, con estos grandes oratorios. La obra de Henze, Die Bassariden, que ha levantado pasiones, odios y amores desde su estreno en el 60. Y Las bodas, de Stravinsky, que hubo que suspender esta temporada pasada.

ADF: ¿Quisieras añadir algo que no te haya preguntado?

GC: Que estoy feliz de estar aquí desde el primer día que entré en esta casa, esperando aportar lo mejor que pueda mientras dure.

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