La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Vie, 19 May, 2017

Clasicismo a la lombarda

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IMANOL TEMPRANO LECUONA / Todo aquél que haya visitado la ciudad de Bérgamo no podrá olvidar la Piazza del Duomo, uno de los espacios urbanísticos más bellos del norte de Italia. Allí, entre la capilla Colleoni y la propia catedral, se encuentra la basílica de Santa Maria Maggiore. De este oscuro templo, donde están enterrados Johann Simon Mayr y Gaetano Donizetti, fue maestro de capilla durante más de treinta años Carlo Lenzi y desde este puesto dominó la vida musical de la ciudad durante el último tercio del siglo XVIII. Lenzi nació en las cercanías de Bérgamo en 1735; sin embargo su educación musical tuvo lugar en Nápoles, aunque volvió pocos años después a su tierra natal para ejercer su magisterio musical hasta el fin de sus días en 1805.

La obra de Lenzi es fundamentalmente religiosa (misas, motetes, salmos, antífonas, etc.), como corresponde al cargo que desempeñaba. A juzgar por los ejemplos del presente disco su estilo tiene claros resabios galantes, heredero de la tradición napolitana, si bien no está exento de fuerza, expresividad, y exhibe un notable dominio del contrapunto. Muestra de ello son las dos lamentaciones compuestas para el Viernes Santo de 1777 y el Jueves Santo de 1780, obras de cierto virtuosismo en la línea de las compuestas por compositores como Niccolò Jomelli.

Junto a ellas, se incluyen dos sonatas encargadas a Lenzi en 1771 por la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Cádiz. Allí, concretamente en la capilla de la Santa Cueva, existía la tradición de recitar las Siete Palabras de Cristo en la Cruz intercaladas por homilías del obispo y números instrumentales (y  al parecer hoy todavía se mantiene esa costumbre). Esta sería la función de las dos sinfonías de Lenzi que aparecen en el disco, parte de una colección de seis; como también será pocos años después –muchos lo habrán anticipado ya- el cometido de las Siete Últimas Palabras de Franz Joseph Haydn. Las sinfonías de Lenzi no alcanzan el nivel de la sublime composición del maestro austriaco pero son obras de gran interés, plenas de intensidad y dramatismo unas veces, líricas y serenas otras, recordando por momentos algunos de los movimientos de las sinfonías que Boccherini componía en esa época.

Por los mismos años en que Lenzi comenzaba su larga etapa como maestro de capilla en Bérgamo, un Mozart adolescente viajaba a Milán acompañado de su padre. Entre 1770 y 1773 los Mozart realizaron tres viajes a Italia que tuvieron a la capital lombarda como centro. Fruto de estos periplos será la composición de las óperas Mitrídate, re di Ponto y Lucio Silla y la cosecha de una serie de fracasos y sinsabores en la pretensión de obtener un ventajoso puesto para el joven Wolfgang en la corte milanesa, entonces bajo control austriaco.

También durante uno de estos viajes, concretamente el tercero, compuso Mozart el motete Exsultate jubilate, una de las obras sacras más célebres del salburgués, que se incluye en el disco que nos ocupa junto a dos de sus sonatas de iglesia (concretamente las KV 225 y 245). Estas últimas pertenecen ya a sus años de Salzburgo al servicio del arzobispo Colloredo. Son composiciones atractivas y de gran madurez, cuya presencia invita a la comparación con las obras instrumentales de Lenzi. Y, todo sea dicho, las composiciones de Lenzi no salen mal paradas de tal envite, lo cual pone de manifiesto que nos encontramos ante un compositor interesante que, recluido en un entorno provinciano, estaba al tanto de las últimas tendencias musicales.

La interpretación de este programa corre a cargo del Ensemble Autarena, grupo que emplea instrumentos de época dirigido por el violonchelista Marcello Scandelli. Sus componentes, empezando por el propio Scandelli y la concertino Liana Mosca, forman parte de algunos de los principales conjuntos historicistas italianos, por lo cual no es de extrañar que, aunque se trate de su debut discográfico, la formación suene realmente bien. Para las exigentes obras vocales cuentan con la participación de la soprano Francesca Lombardi Mazzulli, quien a pesar de su juventud atesora ya un largo historial de colaboraciones con las principales orquestas y directores especializados en el repertorio de los siglos XVII y XVIII. Si bien su timbre se resiente y desluce en el registro agudo, Lombardi canta con seguridad y supera las dificultades del Exsultate mozartiano con aparente facilidad, redondeando con su intervención una grabación muy disfrutable tanto por repertorio como por interpretación.

PAN 10364

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