La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Vie, 9 Jun, 2017

‘Dancing Beethoven’: genio, inspiración y sensibilidad en una misma obra.

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BLANCA GUTIÉRREZ CARDONA / Es difícil centrar esta reseña, ya que tres son los caminos que se nos ofrecen para el comentario, todos ellos brillantes: el de la música, el de la danza, y el del cine.

Dancing Beethoven es, en una ficha técnica, una película documental que narra la puesta en marcha y el estreno de una nueva producción de la coreografía que Maurice Béjart creó en 1964 sobre la 9ª Sinfonía de Beethoven. Esta producción colosal involucró al Béjart Ballet de Laussane (BBL), el Ballet de Tokio, y la Orquesta Filarmónica de Israel, dirigida por Zubin Mehta, y se estrenó en Tokio en 2014, recorriendo más adelante varias ciudades europeas, siendo su última singladura hasta el momento Laussane este año 2017. Los recursos invertidos pedían ser reflejados en un documento filmado, y el BBL le ofreció la oportunidad a Arantxa Aguirre, quien ya había rodado con ellos El esfuerzo y el ánimo (2009).

Pero el  contenido de este documental no son sólo hechos y acontecimientos. Un proyecto como el de esta producción coreográfica requiere meses y meses de constante trabajo. En hora y media de película están atrapados sentimientos, aspiraciones, esfuerzos, luchas, ambiciones, logros, contratiempos, experiencias físicas e intelectuales, y triunfos;  en pocas palabras, la vida misma en su devenir cotidiano. El mérito y éxito de Aguirre radica en haberse percatado de que el contenido perfecto de la película que le pedían no estaba en la grabación del estreno del ballet, sino en el proceso de creación del proyecto.

Y en un juego de metáforas y espejos, utilizando la figura geométrica del círculo, tan querida por Béjart, articula el film en cuatro partes, como las que dividen la música de la 9ª Sinfonía. Estas cuatro partes son las cuatro estaciones, eternamente cíclicas, a través de las que desgrana el avance del montaje del ballet, junto a una fluida serie de testimonios que acercan al espectador tanto a Béjart y a su trabajo, como a la propia música de Beethoven.

Porque hablar de la música de esta película es hacerlo de una de las obras más importantes de la historia de la música occidental, la Novena Sinfonía de Beethoven. Esta obra pertenece ya al imaginario colectivo de buena parte de la población mundial. Y tras casi dos siglos desde su estreno los ideales que inspiraron su creación forman parte de las aspiraciones de casi toda la humanidad. Beethoven es quizá el primer romántico musical, capaz de crear obras maestras alejadas de los moldes que organizaban las formas musicales de su tiempo. Su lucha contra la fatalidad (una sordera que era ya total durante la composición de la 9ª) y su creencia en los ideales de una nueva era, la igualdad, la libertad, y sobre todo, la fraternidad, se volcaron en una obra que rezuma esperanza y alegría.

Para Béjart, un creador que buscó siempre en su trabajo constantes desafíos, no resultaba descabellada la idea de coreografiar una obra sinfónica de tal categoría. Y es posible que fuera él de manera natural quien estuviera destinado a hacerlo, y a triunfar en el intento. Porque la música de Beethoven, profundamente humana, envuelve a la perfección el trabajo de Béjart, un humanista en esencia, cuya manera de entender la danza tenía en el bailarín el objeto mismo del proceso creador, convirtiendo la fluidez orgánica de los movimientos del cuerpo humano en su lenguaje personal. La coreografía de Béjart para la 9ª de Beethoven triunfó desde su estreno en 1964; el público ha sabido apreciar desde entonces la ambición de una obra en la que la danza sabe reflejar la potencia del esfuerzo creador, la alegría de la acción, y la humanidad del proyecto.

Hay que reconocer en Dancing Beethoven una de las voces voz más interesantes del actual cine español, Arantxa Aguirre, empeñada en hacer del arte y de la cultura materia cinematográfica, mediante documentales en los que tan importante es el contenido que narra como la manera de narrar dicho contenido, de la forma más artística posible.

No olvidemos que el director de documentales cinematográficos no es periodista. Es testigo de la realidad, por supuesto, pero no tiene porqué ser cronista de la misma. Contempla la realidad que se le presenta y decide mostrar al público uno o varios aspectos de la misma mediante un esfuerzo de creación artística, elaborando un discurso poético (del griego poiesis) basado en lo real, no ficticio.

Siempre es complicado filmar cualquier tipo de espectáculo teatral (ya sea teatro, ópera, o ballet) debido a la lejanía y frialdad de la pantalla que se interpone; resulta casi imposible traducir en imágenes el calor de la obra en directo. Aguirre sale airosa del intento, con dos pequeños gestos de dirección: la filmación de los ensayos del ballet cámara al hombro, casi respirando y sintiendo como un miembro más de la compañía de danza. Y la hábil decisión de grabar el estreno de la obra en Tokio con la cámara a nivel del suelo del escenario, lo que dota a esos minutos de danza de una humanidad extraordinaria.

Beethoven escribió su música en una época convulsa, tras años de guerra militar en Europa, reflejo de las tensiones de unas sociedades  que luchaban por aceptar o destruir un nuevo orden colmado de nuevas aspiraciones. Béjart  a su vez, crea su ballet durante la Guerra Fría, no la mejor época para creer en los ideales de fraternidad y libertad que pregona la 9ª Sinfonía. Y Gil Roman (director artístico del BBL desde el fallecimiento de Béjart) recupera esta coreografía en 2014, el inicio de un siglo XXI lleno de incertidumbres y presagios oscuros.

Aguirre, consciente de estas circunstancias, las incorpora al, por otro lado esperanzador discurso de la película, mediante la inclusión de unas pocas imágenes que muestran algunos de los grabados de Goya pertenecientes a Los desastres de la guerra, lo que obliga al espectador a poner los pies en la tierra. Beethoven, Béjart, y Aguirre creen en el hombre, con sus luces y sus sombras. Pero, como espectadores nos alegramos de que las luces de la esperanza triunfen en esta película sobre las sombras  de la desesperación.

Se nos quedan mil detalles en el teclado del ordenador, hormiguean las puntas de los dedos queriendo desmenuzar la música de Beethoven, el ballet de Béjart, el cine de Aguirre. Pero casi es preferible así: vayan al cine a ver esta película, aún están a tiempo, corran…

Cineteca Madrid

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