La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

“Delicatessen” straussianas con Renée Fleming y Christian Thielemann

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RAFAEL BANÚS / Ibermúsica quiso cerrar la semana pasada su ciclo de conciertos de manera brillante y espectacular, con la visita de uno de los conjuntos centroeuropeos de mayor solera y tradición, la Staatskapelle Dresden, y su titular desde hace un lustro, Christian Thielemann, la batuta germana sin duda más cotizada del momento.

De los dos conciertos que ofrecieron, el último de los programas estuvo dedicado en exclusiva a la música de Richard Strauss, compositor que mantuvo con el conjunto sajón una estrecha vinculación que duró más de sesenta años, y que protagonizó entre otros los estrenos de óperas tan emblemáticas como “Salome”, “Elektra” o “Der Rosenkavalier”. A él dedicó el músico bávaro también su último poema sinfónico, Eine Alpensinfonie (Una sinfonía alpina), que ocupó la segunda parte de la velada y permitió disfrutar al máximo de todas las virtudes de los instrumentistas, tanto en los poderosos “tutti” como en las más delicadas intervenciones de los solistas, recreándose el maestro alemán en cada uno de los momentos de esta inspirada partitura, que es, por encima de todo, un gran canto a la naturaleza. Algunas imprecisiones en los ataques de los metales no empañaron la altísima calidad global de la versión, compensada con ese color de oro bruñido de las cuerdas tan inconfundible.

En la primera parte se contó con una presencia de lujo como fue la de Renée Fleming para los Cuatro últimos Lieder (una obra que, curiosamente, la soprano norteamericana ya había abordado en estas mismas series en dos ocasiones, en su presentación en España con la Orquesta del Met y James Levine hace más de dos décadas, y posteriormente con la Filarmónica de Londres y otro de sus mayores mentores, Christoph Eschenbach). La diva estadounidense -que tiene, además, en su haber una de las mejores grabaciones modernas de esta colección precisamente con Christian Thielemann y la Orquesta Filarmónica de Munich-, que de alguna manera se está despidiendo de los escenarios (venía justamente de cantar sus últimas Mariscalas en el Metropolitan de Nueva York), volvió a mostrar todo su magisterio e esta música otoñal, especialmente en las dos últimas canciones, “Al acostarse” y “En el crepúsculo”, donde la voz se expandió de manera cálida y voluptuosa, fundiéndose como un instrumento más con la orquesta, y donde la artista estuvo especialmente mimada y cuidada desde el podio.

* Foto de Matthias Creutziger

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