La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Entre Roma y Nápoles. Vibrante violonchelo

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MARIANO ACERO RUILÓPEZ / Poco después de la aparición de un disco con sonatas para violonchelo de Giovanni Battista Costanzi (1704-1778), GLOSSA lanza una segunda grabación del mismo compositor, esta vez con sinfonías para el mismo instrumento y también en interpretación de Giovanni Sollima.

Costanzi fue un compositor que desarrolló toda su carrera en su ciudad natal, Roma. Violonchelista precoz -se le denominó Giovannino del violoncello-, comenzó su trayectoria al servicio del cardenal Ottoboni para después, por su patrocinio, trabajar como violonchelista en San Luis de los Franceses. A la muerte de Ottoboni (1740) pasaría al servicio de otro cardenal, Troiano Acquaviva d’Aragona, prosiguiendo sus tareas de músico eclesiástico en diversos templos hasta ser nombrado primero director adjunto y luego director titular de la vaticana Capilla Giulia, cargo en el que terminaría su vida. No fue escasa, sino todo lo contrario, su producción musical, religiosa, sobre todo, y también dramática. Pero, lamentablemente, una parte no desdeñable de ella se ha perdido. Y, por otra parte, hoy tienden a apreciarse especialmente sus composiciones para violonchelo, instrumento que, después de todo, era el que dominaba.

Y Giovanni Sollima, violonchelista y también compositor, se ha erigido en su profeta contemporáneo. Si las sonatas que presentó en su primer disco mantenían una clara filiación corelliana, en las seis sinfonías -varía la denominación, no el carácter- que integran esta segunda grabación dicha filiación se difumina, bien sea añadiendo un danzante minueto en las dos que podrían mantener la estructura de la sonata da chiesa, bien, sobre todo, dando un paso estilístico adelante, adentrándose en terrenos decididamente galantes y asimilando influencias foráneas, napolitanas sobre todo, que le llevan a abandonar la gravedad corelliana y a acentuar, por el contrario, la expresión de los afectos. Hay, por otra parte, una interesante novedad, una Sonata para dos violonchelos sin bajo continuo, miniatura en la que ambos instrumentos dialogan entre sí tratando de imitar trompas de caza (y aquí con el refuerzo de unos toques de percusión). Y como ocurriera en el primer disco, Sollima incluye una obra suya, una Sonata de caza, para, partiendo del espíritu costanziano, adentrarse en el mundo contemporáneo.

Sollima, bien acompañado por un bajo continuo discreto, pero efectivo, interpreta estas obras con calidez y auténtica pasión, explorando los matices expresivos del ligeramente rugoso timbre de su instrumento, subrayando la amplia gama de los sentimientos, vibrando y haciendo vibrar al auditor. Estoy seguro de que serán muchos los que disfruten con este disco más aún que con el primero.

GCD 923802

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