La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Mie, 6 Jul, 2016

Gracias, Nicolau

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LINA NICOLAULINA TUR BONET /

Existe un tipo de vínculo que sólo conocemos los músicos: el de hacer música juntos. En él nos descubrimos cada uno de nosotros tal y como somos, sin ningún tipo de filtro o de educación. Ahí somos nosotros mismos y nos mostramos con total desnudez. En ese tipo de relación aparecen claramente afinidades, simpatías o antipatías, maneras de ver el mundo similares u opuestas, diversos objetivos musicales. En esos momentos somos para bien o para mal como los niños: no podemos disimularnos con patrones aprendidos o con convenciones.

Fue corto en tiempo lo que conocí al gran Nicolau de Figueiredo. Pero, desde que nos presentaron durante una cena en Madrid, la afinidad y la simpatía entre ambos fue inmediata. Fue poco también lo que tocamos juntos (de nuevo, en el tiempo) aunque lo suficiente para compartir las seis Sonatas de Bach. Y digo compartir, porque fue eso más que tocarlas o ensayarlas. Fue conversarlas, hablarlas, compartirlas. Un par de ocasiones, y las ganas de tocar en público juntos que se materializaron en apenas un concierto, en el maravilloso Pórtico de Zamora el año pasado, combinando a Bach con algunas Sonatas del Rosario de Biber. Planeábamos que fueran más. Qué curioso me resulta ahora el título de aquel concierto: “Encuentros y Despedidas”.

Yo me sentí inmensamente afortunada de poder compartir música con alguien tan grande como él. Le admiraba muchísimo. La música hace que el tiempo pase de otra manera, y así fue con Nicolau. Tocamos-conversamos a Bach y a Biber, hablamos de muchas cosas -como ocurre siempre en esos intensos ensayos y vida juntos previos a los conciertos: de la vida, de las amistades y del amor, de la Música y del mundo de la música… y sus diferencias. También reímos mucho. Él rezumaba autenticidad y verdad, aunque ésas no fueran siempre agradables, o convenientes en cualquier momento. También hacía sentir su cariño, cuando lo sentía por alguien, y así me lo hizo sentir a mí. Él era muy sincero, siempre a corazón abierto.

En ese tiempo intensísimo descubrí a un músico enorme, con un rigor y un conocimiento profundo de lo que hacía, con gran estudio y compromiso en aquello que emprendía, con una enorme generosidad en el escenario (¡qué poco abunda eso en nuestro gremio!). Y sobre todo una gran sensibilidad y un corazón de oro puro. Esas últimas son las palabras que siempre me brotan automáticamente al recordar a Nicolau. Una lección de lo que es ser Músico de verdad.

Ese oro debe de ser el que brilla ahora en una estrella nueva. Ahora ya refulge para siempre, y con ese brillo oigo su voz: el oro del clave lleno de vida y de pasión, de rigor, de amor y de conocimiento.

Gracias por todo lo que me enseñaste, Nicolau.

Mostrando 2 Comentarios
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  1. Me ha emocionado este homenaje:

    Como espectador anónimo que tuvo el honor de asistir a alguno de sus irrepetibles conciertos,agradezco este acercamiento al ser humano detrás de tanto arte; y he comprendido las lágrimas vertidas sin saber por qué.
    No me ocurría nada semejante desde la desaparición del gran Gustav Leonhardt.Otra gran persona,otro gran artista que siempre nos faltará.

    Descanse en paz Nicolau de Figueiredo.Le recordaremos.

  2. ,!!! Qué bonito es ser músico de verdad!!!!

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