La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Dom, 5 Feb, 2017

Gutiérrez Arenas: ‘En música dos y dos no siempre son cuatro’

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BLANCA GUTIÉRREZ / Hace un par de meses nos encontramos con el cellista Adolfo Gutiérrez Arenas con ocasión de su concierto junto a la London Philharmonic Orchestra en el que interpretó el Concierto para cello de Dvorak dirigido por V. Jurowski.

Hoy nos volvemos a reunir para hablar de los conciertos que este fin de semana ofrece en el Auditorio Nacional junto a Gautier Capuçon y Daniel Müller-Schott, en los que, junto a estos dos cellistas, interpreta el Concerto Grosso para tres cellos de Penderecki, con la OCNE, dirigidos todos por el propio Penderecki.

Es un placer charlar con Gutiérrez Arenas, porque es un artista, que siendo aún joven, tiene las ideas muy claras y expresa sin indecisiones sus opiniones. Es de agradecer un profesional que no se ciñe a los lugares comunes, capaz de reflexionar sobre los entresijos de su profesión y sobre los conflictos que plantea la interpretación musical.

Cuando tuvo lugar nuestra conversación, Gutiérrez aún no se había encontrado personalmente con Penderecki para trabajar, pero comenzó la charla con una frase que resume su actitud ante estos conciertos:

AG: interesante Penderecki…

ADF: ¿Conocías ya esta obra, la has tocado alguna vez?

AG: No, hasta ahora no. Capuçon y Müller-Schott lo han tocado en otras ocasiones, pero no con Penderecki dirigiendo. Por mi parte es la primera vez que lo hago.

ADF: Es un concerto grosso ¿alguno de los tres cellos es más solista que los otros dos?

AG: Está completamente equilibrado. Se nota que Penderecki escribe para los tres… Logra equilibrar los instrumentos. Respeta la idea de concerto grosso, son tres solistas completamente intercambiables, aunque, como no deja de ser una escritura complicada, una vez tienes tu parte te ciñes a ella, ya que es la que has trabajado.

ADF: Exige la partitura de Penderecki cambiar algo en el instrumento?

AG: No. Escribe bien para el instrumento. No hay nada técnicamente enrevesado, todo fluye, es natural al instrumento en las tres partes de cello.

ADF: ¿Cómo definirías la escritura de Penderecki?

AG: Fue rompedor al inicio de su carrera, y ahora tiende al post romanticismo. Un post romanticismo en el que, como en la Noche transfigurada de Schoenberg, se une lo mejor de dos mundos. Y a la vez está lleno de información nueva y de maneras diferentes de tratar la forma misma, la melodía, con armonías novedosas, al mismo tiempo que te mantiene con un ancla reconocible, de una expresividad increíble. Es una parte de la música que me gusta mucho y que creo que está poco explotada. En la segunda mitad del siglo XX se desarrolla una radicalidad en la música a la que Penderecki se sumó en sus inicios haciendo cosas muy rompedoras, pero creo que hubo un momento donde el divorcio entre esos lenguajes vanguardistas y el público, le hizo pensar “nos hemos saltado algún paso”. Y efectivamente, creo que ese paso es el  postromanticismmo. Entre los dos mundos hay posibles combinaciones, lo que permite el contacto con el público, algo importantísimo.

 

El comentario sobre la obra de Penderecki nos lleva a mencionar la equívoca situación que vive la creación contemporánea, con unos compositores empeñados en explorar y experimentar nuevas realidades sonoras y un público que no se interesa por esas creaciones.

AG: Al final lo que necesita la música para funcionar es que cualquiera en cualquier punto pueda tener un enganche donde sea, un hilo de conexión. Si es un trabajo intelectual que solo entiende el creador, no digo que no sea interesante pero no tiene futuro y va a morir. Son, no diré la expresión vulgar, un ejercicio onanista por parte del compositor, que se encierra en su mundo… Vale, pienso, hablas solo, hablas pero no comunicas, no pretendas que estrenen tus obras. Y no solo hablamos de la reacción del público, también el intérprete…yo he tocado cosas de llorar de rabia en casa. Leo una partitura y suelto “¿Qué es esto?” Me gustaría decirle al compositor: “Vete por ahí…tienes que hacer algo que no solo tú entiendas”.

A mí me parece que Penderecki es uno de los compositores más interpretados de hoy en día por esto, porque ha conseguido la manera de escribir música actual inteligible para el público. En España tenemos el caso de García Abril, al que se está recuperando desde hace unos años. El tiempo les da la razón. Claro que tiene que haber creación contemporánea de vanguardia, pero hay que controlar de alguna manera que haya una conexión del compositor con quien le escucha y con quien le interpreta.

Por eso este Concerto Grosso de Penderecki me parece tan interesante, porque creo que lo ha logrado.

ADF: ¿Hay algún homenaje oculto en esta partitura?

AG: Que yo sepa no. Hay una temática muy clara, varía el tema de muchísimas maneras, quizá si hubiera sido un concierto de dos cellos el desarrollo de los temas hubiera sido mayor, pero al ser de tres queda atrapado en la duración. Hay aires de guerra, melodías que recuerdan a su Requiem polaco. Es muy reconocible. A quien le guste Penderecki  disfrutará con la obra, es muy de él, con un sonido propio desde el inicio.

ADF: ¿Te ha sorprendido algo en esta partitura?

AG: Para los tiempos que corren la claridad con que está escrita, es una buena noticia, no es un borrón lleno de detalles infinitesimales, que luego no se escuchan. Por supuesto este tema es cuestión de buenos y malos compositores, no se refiere a toda la música contemporánea. Rítmicamente no es fácil, está muy sincopado…sí tengo referencias escritas sobre las partes de la orquesta. Los tres tocamos con las partes de los tres, es importante saber lo que hacen los demás, porque leyendo sólo la tuya no te enteras, tendrías que tenerla muy trabajada. En mucha música contemporánea, hay pasajes dificilísimos de leer para un intérprete que después no se oyen, por la masa orquestal. En este concierto sólo pasa un par de veces. Se nota que es aposta, a Penderecki nada se le ha ido de las manos, no ha escrito las partes por separado, siempre está pensando en el conjunto Ahora hay que ver cómo lo logramos traducir nosotros para que le llegue al público.

ADF: “Yo no soy de mucho ensayo…” me comentaste hace poco. Explícame esta frase, por favor.

AG: Yo no estudio ocho horas diarias, diría que el aspecto físico hay que trabajarlo pero no machacarlo, porque para mí acaba perdiendo sentido. El trabajo,  a partir de cierto momento en la carrera de uno, es más de cabeza que de ejercicio físico, creo que fastidias ciertos pasajes por trabajarlos demasiado; o los mecanizas o si no,  te puedes buscar un problema donde no lo hay, pierdes la manera natural de hacerlo, empiezas a pensar demasiado, y lo pasas mal para volver a ver el cuadro desde lejos. Con la edad vas aprendiendo cuánto tienes que estudiar, cada uno es un mundo y cada músico vive una experiencia distinta.

ADF: ¿Ya habías trabajado o coincidido con Capuçon y con Müller-Schott?

AG: No, a Daniel le conozco porque tenemos varios amigos en común pero eso es todo.

ADF: al trabajar con una partitura de este tipo, con poco tiempo para el trabajo conjunto con el maestro y entre vosotros ¿os habéis puesto en contacto para hablar de la música antes?

AG: No. Con una obra así, yo siempre pienso “qué poco tiempo…” Pero al trabajar con gente de tanto nivel luego es muy rápido, porque cada uno lleva su parte muy bien preparada, conoce la de los demás, y lo que yo me he encontrado siempre con músicos tan importantes es que son flexibles y se adaptan. Con esta obra además hay dos ventajas adicionales, que  Capuçon y Müller-Schott ya lo han tocado antes, y que tenemos al compositor dirigiendo la obra.

ADF: ¿Sabes cómo es tener a alguien como él en el podio?

AG: Por lo que yo sé es un hombre muy accesible, un hombre de trato fácil.

ADF: Penderecki forma parte de ese grupo de músicos que con 80 años está en plenitud de facultades en su profesión, tomando decisiones, perfectos de mente, dirigiendo una orquesta sinfónica…

AG: He trabajado con gente así, y es increíble, la fuerza que tienen y transmiten. Es una de las cosas buenas que tiene la música. Una de las malas es la tensión que llegamos a soportar, pero la parte buena es que si no tienes problemas físicos es una profesión que hasta el último día de tu vida te mantiene interesado, vivo, es lo mejor que tiene, que siempre has de seguir pensando, profundizando. Penderecki, que además compone…, imagínate, un hombre que todavía se levanta a las 6 de la mañana para componer.

Para mí es importante que un director tenga cierta edad. Creo que se logra un poso que los jóvenes no tienen, la experiencia es un grado y en la interpretación también.

 

Otro tema que preocupa mucho a Gutiérrez Arenas, y al que volvemos una y otra vez a lo largo de la conversación, es el de la ‘excesiva instrumentalización’ de los músicos. Las dos palabras del debate son ‘técnica’ y ‘arte’, y coincidimos en que ambas por desgracia, no suelen ir unidas.

AG: La gran cuestión de hoy en día es que la enseñanza de los instrumentos ha mejorado tanto que el nivel ha subido muchísimo, pero la cantidad de artistas que encuentras en una generación sigue siendo la misma. Como ha subido el nivel instrumental, necesitas tener un criterio muy bien formado para distinguir. Artísticamente lo que prima ahora es no fallar, la brillantez técnica, y estoy harto de oír a estos prodigios.

Te puedo poner ejemplos cellísticos que son correctos técnicamente, sólidos, pero que no son musicalmente aceptables. Si te pones a cantarlo y si realmente quieres que fluya, hay que evitar la instrumentalización excesiva. La técnica debe estar ahí, por supuesto, pero también el riesgo.

ADF: ¿Con qué cellistas te identificas?

AG: De los de antes me gustan la mayoría porque era esta manera de tocar que comentamos, donde prima el arte…Músicos técnicamente perfectos pero en los que siempre había ese sabor de lo inmediato, del riesgo del momento. Son el ejemplo de utilizar todo lo que sabes de técnica, ya sea natural o aprendido, para lo que estás interpretando en ese momento, no tomar la música y meterla en el molde que usas, sino todo lo contrario.

Es complicado de conseguir y muy difícil de escuchar, pero yo me doy cuenta de que el público lo distingue, de una manera subjetiva, no en los aplausos finales, sino en el silencio. Cuando logras que la música realmente fluya, sin que el instrumento esté en el medio, sin que necesites demostrar lo buen instrumentista que eres, consigues que la gente se olvide del instrumento para llegar al siguiente nivel, que es la música en sí misma. Con los años y la experiencia percibes que tienes a la gente en ese punto, y te das cuenta. Con el Concierto de Dvorak que toqué hace poco aquí en Madrid tuvimos un problema muy grande con el instrumento, repentino. Decidí salir a jugármelo todo, a disfrutar, no me preocupó pensar que podía fallar pasajes, me daba igual. Salí a tocar, y la conexión con la gente fue increíble, fue un éxito de verdad. El público lo que necesita es que pase algo. Pero como instrumentista cuesta deshacerse del cinturón de seguridad de la técnica.

ADF: ¿No crees que los músicos ahora, como el resto de las nuevas generaciones, van a lo fácil, al no pensar, al no dar más vueltas? La técnica es perfecta para seguir esta línea de actuación, es un “yo ya lo tengo, de aquí no me salgo”. ¿No crees que antes había más inquietud por parte del músico, del intérprete, en general?

AG: Es conformismo. La diferencia es que antes el intérprete se fijaba más en la música que tocaba, y ahora se centra más en el instrumento que toca, se ha ultraespecializado en su instrumento, en la perfección técnica. Parece que cuando defiendes lo otro, defiendes fallar notas, pero no es así. Un músico que conozco comentaba: “Que eres muy fiable es lo más horroroso que pueden decir de ti como músico”.

Hasta directores de primera línea te piden que no te salgas de la rutina, y se enfadan cuando mandas tú y no él. No les gustan las sorpresas, y eso pasa hoy en día. Porque radian el concierto, o lo retransmiten por televisión, o quieren grabarlo para un disco… y no quieren que nada se salga del guion.

Como artista no puedes tocar así. Se tienen que dar cuenta de que dos y dos no siempre son cuatro.

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