La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

La bicefalia del Biber sacro

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JAVIER SARRÍA PUEYO / He comentado alguna vez que la excesiva atención discográfica a las Sonatas del Rosario está propiciando el descuido de otras facetas descollantes de la producción biberiana. Una de ellas la sacra. El disco que hoy nos ofrece el venerable sello Accent viene a paliar en algo esta tendencia, si bien sólo una de sus piezas, hasta donde sé, es primicia. El repertorio vocal eclesiástico del bohemio puede fácilmente dividirse en dos facetas: una representada por la música ceremonial salisburguense y otra por los motetes de reducido formato. A ambos aspectos atiende nuestra grabación.

La Missa Alleluja a 36 partes es buen ejemplo de la misa festiva en Salzburgo, con todo el esplendor instrumental propio de esa corte arzobispal: dos violines, tres violas, cornetas, sacabuches, seis trompetas, timbales, órgano, violone y tiorba conciertan con las voces de ocho principales y otros tantos ripienistas. Aunque solo se conserva una copia hecha para el Monasterio de Kremsmünster, su casi seguro origen salisburguense indica una ejecución policoral, con las citadas fuerzas divididas en diferentes coros situados, obviamente, en las cuatro galerías centrales de la catedral. Una policoralidad carísima a la corte, iniciada desde la misma inauguración de la catedral en 1628 y cuyo origen, naturalmente, se halla en Venecia. Alternan, así breves secciones en las que se dan la vez solistas, el pequeño coro y el gran coro vocal, concertados con las cuerdas y las cornetas y sacabuches, reforzando las trompetas y timbales los momentos más solemnes o jubilosos. Son muchos los pasajes virtuosos reservados a los pequeños conciertos, sin dejar de destacarse cómo impresionan las poderosas intervenciones del tutti, como las secciones que finalizan el Credo o el Da nobis pacem.

Contribuyen al resultado las excelentes prestaciones instrumentales habituales de Ars Antiqua Austria, muy ampliadas para la ocasión. En la parte vocal uno se pregunta por qué se ha prescindido de los ocho ripienistas que marca la partitura conservada. En cualquier caso, son de altura las intervenciones de los altos, tenores y bajos. Para las partes de soprano, se acude, como es ya costumbre, a los efectivos de los Cantorcicos de San Florián. Éstos presentan el atractivo de las voces blancas, tan puras y angelicales, tan filadas… Empastan bien con los demás, aunque su intervención en el Domine Deus resulta en verdad espeluznante. Muy atinada la dirección de Letzbor.

La misa grabada es breve (poco más de media hora), por lo que, para lograr un minutaje aceptable, hay mucho que rellenar. Se ha optado por profundizar en el repertorio sacro con dos composiciones de pequeño formato y una sonata para violín, ilustrando de esta manera que el Biber sacro no se agota en las grandes masas vocales e instrumentales, sino que muestra parejo nivel de excelencia en las composiciones con disposición más modesta. La musicalización del salmo Nisi Dominus prescribe una voz de bajo, violín concertado y el bajo continuo (a doppio, dice el manuscrito). La parte vocal es deudora del estilo florido del motete coetáneo del norte de Italia, con constante empleo de figuras retóricas para ilustrar el texto y permanentes cambios de tempo y afecto. La escritura del violín, es muy biberiana: virtuosa y expresiva, dotada de un estilo inconfundible. No se limita a un mero acompañamiento de la voz, sino que alterna el protagonismo, con numerosas intervenciones a solo mientras la voz calla. Incluso en los acompañamientos el violín y la voz están tratados en pie de igualdad, tal vez con preponderancia del instrumento, con momentos en verdad espectaculares, como el Cum dederit, el Sict sagittae o el Amén. El aspecto más llamativo se sitúa en la introducción instrumental del inicio del motete, casi idéntica al primer movimiento de la Sonata XIV de las del Rosario. La preciosa Pastorella es una creación mucho más conocida, que oscila entre la descripción del anuncio angélico, el bucolismo pastoril, el pesebre y la fiesta popular, creando un delicioso cuadro naif de la Navidad. Finalmente, la partitura del motete al Santísimo Sacramento Panis angelicus formó parte de los fondos de la Singakademie berlinesa saqueados por los soviéticos al término de la II Guerra Mundial, restituidos en 2001 y, por lo tanto, de reciente descubrimiento. Con la misma disposición que el Nisi Dominus, al igual que éste el violín tiene una relevancia inaudita, con una escritura espléndida, de lo más atractiva.

En este último bloque compositivo Letzbor interpreta con su proverbial intensidad y dramatismo, aunque en la Pastorella se relaja totalmente y logra hacer con verdadero arrobo las escenas más íntimas. Las intervenciones del bajo, Gerhard Kenda, de elevada calidad.

ACC 24325

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