La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Mar, 6 Oct, 2015

La españolidad de Rossini

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FERNANDO FRAGA /

Puede considerarse que Gioachino Rossini mantuvo una especial relación con nuestro país si se tiene en cuenta que dos lazos básicos en la vida de una persona le ligaron con él: el lecho y la bolsa. Isabel Colbrán, su primera esposa, era madrileña; su banquero, Aguado, sevillano, aunque luego se nacionalizara francés. Otros datos menos prosaicos permiten unir al de Pesaro con el país. Gracias a un prelado madrileño, Manuel Fernández Varela, le debemos la composición de su sublime Stabat Mater. Su obra más popular, que nunca perdió contacto con los públicos, es El barbero de Sevilla como todo el mundo sabe, y la acción de la asombrosa Matilde di Shabran transcurre en una localidad española no identificada.  El primer Almaviva del Barbero fue el sevillano Manuel García, padre de la Malibran y la Viardot, intérpretes selectas (sobre todo la primera) de algunos títulos rossinianos. Lorenza Correa, que era malagueña, resultó ser la primera Zenobia de Aureliano in Palmira  en 1813 en la Scala milanesa y la primera Rosina madrileña en 1821 en el Teatro Príncipe de la capital española.

Anna-Tonna04En sus giras infantiles por las cortes europeas, Mozart jamás traspasó los Pirineos. Ni Bellini ni Donizetti pisaron tierra española, a pesar de que el segundo podría habérselo planteado, si tenemos en cuenta que diez de sus obras ocurren a lo largo de la geografía patria (otra, en las colonias hispanas: Il furioso all’isola di San Domingo).

Tres décadas antes de una visita verdiana,  Rossini vino a Madrid en febrero de 1831 donde fue recibido con delirio por los residentes y fue agasajado regiamente por Fernando VII y su esposa napolitana María Cristina. Hasta el hermano del rey, el infante Don Francisco, fue capaz de cantarle el aria de Assur en Semiramide (o sea la de su delirio) como inesperado y sorprendente homenaje. No sabemos la reacción del músico.

Entre la colección de canciones compuestas por Rossini figuran muchas con ritmos, temas, textos o simplemente destinatarios que tienen que ver con España. Y, en base a ello, se ha tenido la dichosa idea de dedicarle un disco que lleva, lógicamente, el título de España alla Rossini. Responsables, la mezzosoprano norteamericana vinculada a España por razones artísticas (quizá las más vinculantes), Anna Tonna, y el pianista soriano Emilio González Sanz.

El programa es jugosísimo. Se inicia con el texto de Émilien Pacini, hijo del editor francés de Rossini, A Granada, traducido luego al español nada menos que por Ventura de la Vega, el poeta y dramaturgo autor en suma del texto de  la zarzuela Jugar con fuego de Barbieri. Rossini dedicó la canción a Isabel II. Se concluye con O giorno sereno, cantada para cuatro voces y piano, oportunidad para que la pareja de voz y teclado incorporen al disco el Cuarteto Vocal Cavatina y Aurelio Viribay, en primicia discográfica. Remate perfecto al registro, ya que Rossini  la escribió con motivo del nacimiento de uno de los hijos de su banquero Aguado, sencillamente bautizado con los nombres de Arturo Olimpo Jorge.

El resto del programa pertenece a diversas épocas compositivas del pesarente, algunas  canciones tan asistidas como La promessa, versos de Metastasio, o L’invito que pone música a un poema del conde Pepoli, el libretista de Puritani de Bellini; otras menos frecuentadas como La viuda del náufrago, así como la que lleva texto atribuido al barón de Santo Magno, Amori  scendete, composición realizada durante el viaje hispano de 1831, retomando otra composición napolitana de diez años atrás,  y cuyo autógrafo pertenece a la Casa de Alba.

Se recuerda también, como una especie de agradecimiento al valor que tuvo el archidiácono Varela en el nacimiento de aquel Stabat Mater  que uno no  debe nunca cansarse de alabar, que se incluye en programa la página mezzosopranil  Fac ut portem, que no queda mal  orillada a un zorcico, la tirana española y los boleros  todos con palabras de Metastasio, ese cuarteto que comienza Mi lagnerò tacendo que canta Laodice en el acto II de Siroe rey de Persia. Versos que Rossini idolatraba si juzgamos que les puso música  en numerosas y diferentes oportunidades. Hubo un tiempo en que se extendió la cantidad a un centenar de versiones. Otra exageración de las tantas que se han dicho en torno a tan popular aunque en parte asimismo enigmático artista.

Dos cortes del disco merecen un cierto destaque. La tirana a dos voces Les amants de Séville, del volumen tercero de Los pecados de vejez porque a la límpida sonoridad de la voz femenina se suma la seducción tímbrica y el delicioso canto del tenor madrileño Miguel Borrallo.

Otro,  la vibrante canción española, cuyo texto puede que fuera redactado por la propia Colbran en un momento de inspiración puede que  etílica, En medio a mis colores. Deliciosa melodía originada en el Ermione y que luego Rossini fue capaz de incorporar a Semiramide cuando la reina de Babilonia hace su majestuosa entrada en escena, con esa capacidad de adaptación tan propia de él, únicamente asociable a un genio como el suyo. Canción que nos descubrió la inmensa Marilyn Horne, luego retomada con su especial arrebato por Cecilia Bartoli. En la ejecución presente, donde se incluye muy acertadamente el rico barniz de las castañuelas de Cristina Gómez Tornamira, solista y teclado efectúan un crescendo dinámico de originalísimo y espeluznante arrojo. Puede hallarse aquí el punto central de la interpretación de esta pareja: Anna Tonna, una mezzosoprano clara y de uniformes registros, musical y entregada, timbre fresco y juvenil, de inmediato simpático al oyente; Emilio González Sanz, un pianista pleno de ritmo (aquí imprescindible) y con una sonoridad rica y punzante que se ensambla y acompaña como infalible complemento al juego estilístico de su compañera. Se capta que  ambos saben dar a cada parte su sentido, al mismo tiempo que aman y disfrutan interpretando esta música, como seguramente el compositor gozaría componiéndola.

Próximo el 150 aniversario de la muerte de Rossini (en 2018) este disco puede considerarse,  por su excelente planteo, supremo resultado y cuidada presentación, un buen punto de partida a las esperadas  e imprescindibles celebraciones.

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