La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Jue, 6 Oct, 2016

Luces a la sombra de Bach

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JOSÉ ANTONIO TELLO SÁENZ /

Cuando el chelista Matt Haimovitz invitó a compartir el presente proyecto a estos seis compositores, las reacciones fueron inmediatas y positivas, interrumpieron incluso sus largos trabajos en curso para apostar fuerte por el encargo: componer obras a modo de oberturas (por propio concepto, relacionadas temáticamente con las piezas que introducen) para presentar individualmente los seis preludios de las correspondientes Suites para violonchelo solo de J.S. Bach. El resultado es uno de los discos del año, sin duda. Estas oberturas a los preludios, en cierto modo también a las Suites completas, cumplen con nuestras exigencias de oído contemporáneo, pero son traídas desde la misma sonoridad personal del instrumentista, siempre celebrador del homenaje tácito a la hegemonía Bach sobre el repertorio, con un estilo en conjunto muy coherente y lineal. No es oportuna la escucha por pistas sin riesgo de perder ese equilibrado contraste entre Bach y estos inspirados herederos, que en realidad llegan representando la genealogía absoluta de Bach sobre el mapa histórico musical, como si todo en él desde entonces fuera paisaje Bach y por él todos Bach. Mejor disfrutarlo de un tirón, viendo cómo las flores de los preludios quedan abiertas a nuestros sentidos tras cada obertura, descarnado el chelo en estos tándems que consiguen invertir tiempos de creación y escucha, de conocimiento y reverencia generacional.

Para el primer preludio, Philip Glass ilumina su Overture con el milagro polifónico del maestro que la sigue, alejándose de su estilo minimalista con una mirada hacia lo académico que nos va a recordar en muchas ocasiones a los chelos de Reger y Kodály, incluso de Britten. La interpretación de Haimovitz es vibrante, llegando sin tregua a la primera entrada de su Bach recio y abisal, austero en flecos barrocos, pero dominado con una lucidez magistral.

Du Yun (Shanghái, 1977), la más joven de todos los convocados, titula su obra como el paño que cubrió el rostro de Cristo y que secara su sudor y su sangre, The Veronica, en la idea de conectarse con el sufrimiento de Bach ante la pérdida de un hijo poco antes de componer su Segunda Suite. Ecos de soledad y obsesión reverberados en el silencio del dolor y una sutil exploración sobre músicas tradicionales, tan expertas en terreno de emociones, para dejarnos en los brazos resignados del padre Bach.

Con Run, de Vijay Iyer, la respuesta se centra más en los recursos técnicos y virtuosos del instrumento, con participación activa del intérprete en la terminación de la partitura. En La memoria, Roberto Sierra pone una mirada caleidoscópica sobre músicas de la calle portorriqueña, exóticas y rítmicas, mezcladas con su seleccionado Bach que en algunos pasajes nos llega citado literalmente. En Es War, David Sanford después de una extensa entrada en pizzicato jazzístico, nos traspasa con el desasosiego y la urgencia necesarios para desembocar en el exigente quinto preludio.

Atención especial, que no mayor, merece Lili`uokalani, obra de Luna Pearl Woolf, pareja de Matt Haimovitz, por la diferencia de ser una obra trabajada para chelo piccolo barroco, de cinco cuerdas, del mismo modo que lo fue la Sexta Suite que prologa y para la que Bach quiso engendrarlo. Sonidos y armonías de Hawai y un tratamiento operístico son los recursos que la compositora advierte combinar, pero el oyente queda al margen de todo esto cuando disfruta de la amplia tesitura tan favorecedora del virtuosismo de esta pieza y del colofón bachiano.

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