La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Mie, 26 Abr, 2017

María Bayo: ‘Lo hago todo, me gusta todo, solo me falta el tiempo.’

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BLANCA GUTIÉRREZ / María Bayo, una de las cantantes líricas más importantes de nuestro país, no necesita, probablemente, presentación para ninguno de los lectores que se asomen a esta publicación. Con una carrera internacional, se encuentra estos días en Madrid, donde el martes 25 ha ofrecido un recital en el Teatro Real rindiendo  homenaje a la música latinoamericana en una actividad paralela al estreno de la ópera Bomarzo, de Alberto Ginastera.  Bayo ha ofrecido un concierto con obras de Ernesto Lecuona, Yves Prin, Astor Piazzola, Heitor Villa-Lobos y Carlos Gustavino.

María Bayo es navarra, y tras realizar sus estudios musicales en Pamplona viajó a Alemania para completar su formación. Ganar en 1988 el primer premio del Gran Concurso Internacional Belvedere en Viena hizo que su carrera internacional despegara. Desde entonces, todos los grandes teatros de ópera europeos, americanos, asiáticos,  cuentan con ella para que participe en producciones que van desde Cavalli hasta Stravinsky, pasando por Mozart y Rossini. En 2009 se le otorga el Premio Nacional de Música.

Es una mujer menuda, de voz suave e ideas claras.

ADF: Nos gustaría comenzar hablando de un punto culminante de su carrera: 2009, el Premio Nacional de Música. ¿Qué significó en ese momento para Ud? Con la distancia de unos años ¿le ayudó en su carrera?

MB: Es una gran satisfacción artística y a nivel personal, por supuesto, porque reconoce todo tu trabajo y tu esfuerzo. Es un orgullo, una honra que tu país te lo otorgue, pero no cambia mucho más, no significa más.

ADF: Ha logrado tener una amplitud de repertorio con más de 80 personajes, como pocos cantantes: barroco, bel canto, verismo…

MB: Yo comencé a estudiar con mucho Bach, Cavalli, los barrocos, y eso marca la carrera de un cantante, porque  si te formas en los primeros años asentando los pilares importantes, creo que ese trabajo te acompaña toda la vida.

La variedad de repertorio a veces viene dada por necesidad…no siempre he podido elegir, me proponían un proyecto, un papel, veía si me iba bien y si me apetecía hacerlo, y en caso afirmativo, seguíamos adelante. En esta carrera pasa mucho que tienes aprendido gran parte del gran repertorio apropiado para tu voz, pensando que será eso lo que cantes, y luego resulta que te proponen rarezas, obras que no suelen programarse, y que el público no sabe el esfuerzo de estudio que requieren.

Pero no me quejo, por supuesto.

ADF: Dentro de esa amplitud de repertorio, en algún segmento se encontrará más cómoda…

MB: Me encuentro muy bien siempre con Mozart, también he hecho mucho Rossini, aunque ahora mi voz ya no es tan apropiada para su música. Podría seguir cantando Rossini, pero me exigiría el esfuerzo de dejar todo lo demás.

La verdad es que estoy muy cómoda con Mozart, y con la música barroca en general. También con la música francesa, he hecho muchísima. Resulta que soy una de las cantantes que más he cantado en el Real, y una de las primeras veces fue con Manon, de Massenet, dirigida por  García Navarro, me llamó él para hacerla. Es un repertorio que me ha ido muy bien. He hecho aquí en Madrid también Pelléas et Melisande, por ejemplo.

Yo siempre comento que he estudiado música y que, aunque algunos compositores se adaptan mejor a mi voz que otros, es mi profesión y tengo que ser capaz de cambiar de estilo y repertorio, de manera de interpretar, no de técnica, por supuesto,  sino estilísticamente. Eso sí, siempre buscando los papeles que me vayan bien vocalmente.

ADF: En la evolución de su voz ¿habrá nuevos papeles que pueda abordar en esta etapa de su carrera?

MB: Ya lo estoy haciendo, porque la voz va cambiando y la experiencia crece.

Me enfrenté a La voz humana por primera vez hace tres años. Psicológicamente  no estaba preparada para cantarla antes, porque te exige una resistencia muy grande para afrontar ese drama y poder transmitirlo durante toda la representación,  una hora en la que hay que mantener la conexión con el público. Hay obras que te atreves a cierta edad.

Me encuentro ahora con una voz mucho más lírica y la madurez que tengo es ideal para ciertos papeles. Con 30 años de carrera que llevo ya me gustaría evolucionar a otros papeles y personajes, pero resulta que me ofrecen siempre los mismos, y tienes que estar demostrando a cada rato que puedes hacer más cosas. Es difícil convencer a los responsables de los teatros que hay otros papeles y otros repertorios que puedo afrontar. Te quedas estancada en Las bodas de Fígaro, en la Susanna, o en la Zerlina de Don Giovanni. Y no te ven proyectada en otros papeles.

La idea de Daniel Bianco (director del Teatro de la Zarzuela) de que hiciera la Iphigenia  (de Iphigenia en Tracia de José de Nebra, representada esta temporada 16-17) fue genial, porque estoy en una edad en la que estos retos son lo que me interesan.

Respecto a la evolución de la voz, y las carreras largas, sucede actualmente algo trágico, porque estamos viviendo un momento en que los  cantantes jóvenes cantan 4 años y en esos años queman la carrera. Porque en la sociedad actual hay un querer cosas nuevas constantemente,  pero no se dan cuenta de que el arte, en general, no sólo la música, se hace con mucho tiempo,  mucho trabajo, con tranquilidad.

ADF: Si le menciono a Teresa Berganza…

MB: Es una amiga maravillosa, una guía importante en mi carrera, es fundamental tener al lado esas personas que te pueden aconsejar  y de las que te fías. Teresa es de las pocas cantantes con las que tengo amistad, porque nuestro mundo es muy efímero y tengo muchos conocidos, pero pocos amigos.

Esta amistad con Teresa es una gran suerte; humanamente y profesionalmente estamos muy cercanas, coincidimos en la dedicación que exige esta carrera, la vocación que hay que tener para dedicarse a este mundo del canto.

ADF: Siempre que se habla de su éxito, se mencionan sus dotes escénicas ¿Son innatas? ¿Le aporta seguridad en el escenario?

MB: La Callas cambió la antigua situación que se daba en la ópera, cuando el cantante solo cantaba, sin necesidad de interpretar.

Considero que tampoco son necesarios muchos alardes, solo hay que meterse vocalmente en el personaje, y trabajar la unión con la escena. Incluso durante un recital, donde la dificultad radica en que tienes que contar una historia en dos minutos.

A los directores de escena les digo ‘Vosotros pedid’, ya estoy  yo para decir sí o no a sus pretensiones. Si puedo hacerlo lo haré. Me parece importante la faceta actoral (aunque el canto esté ante todo) y para eso hacemos los ensayos, para adaptar escénicamente el montaje, y que el cantante diga hasta dónde puede trabajar  teatralmente sin que se resienta la parte de la voz. Los directores de escena también son artistas que deberían ser capaces de inventarse una alternativa si alguna de sus propuestas es inviable en el escenario. Los cantantes no son los únicos que tienen que poner de su parte. La música y el canto es lo prioritario.

¿Por qué se da ahora tanto valor al director de escena? Es un vuelco con el que no estoy de acuerdo. Tiene que haber un equilibrio. Tan importante es estar escénicamente como vocalmente, yo no concibo un aria sin hacer escena dentro de ella. Esta idea me ha acompañado toda mi carrera, y lo que he hecho es aprender con todos los directores de escena con los que he trabajado. He tenido la gran suerte de estar con los mejores directores musicales y de escena de mi época.

Hace años vivimos la tiranía del director de orquesta, que aún continúa, en ocasiones, y ahora es la del director de escena. Yo soy la primera que he hecho producciones dificilísimas, he cantado en el agua, o sobre una escalera, pero había tiempo para preparar la producción a mis condiciones.

ADF: Ahora también se valora mucho el aspecto físico ¿ha sentido presión en este sentido? ¿le ha afectado cumplir años?

MB: Mi carrera ha sido larga porque he hecho producciones de un mes, dos meses. El peligro para la voz está en cambiar de repertorio mucho y viajar constantemente.

Ahora el físico es tan importante, porque se graban las representaciones y se transmiten… pero no está bien priorizarlo sobre lo vocal.

ADF: ¿Su carrera ha estado mínimamente planificada, o ha salido una cosa detrás de otra?

MB: No, nunca me propuse debutar en un sitio concreto o un papel. Yo he crecido con esta carrera a nivel humano, psicológico, todo lo que sé como ser humano lo he aprendido trabajando. Mi ambición siempre ha sido crecer con la música, aprender musicalmente, buscar la perfección en lo que hago, me he gastado mucho dinero en perfeccionarme, nunca me he conformado con estudiar yo sola, he buscado siempre a los mejores correpetidores para preparar un papel, lo que me ha permitido estar al 100% de mis posibilidades en el escenario. Pero es duro, porque lo he tenido que hacer prácticamente sola, dando un traspiés y otro.

Todos mis éxitos  han ido surgiendo porque mis exigencias personales  hacían que yo tuviera un nivel que otras personas no tenían.

Cuando elijo un proyecto sobre otro, priorizo en función del alcance mediático que puede tener, si los directores son interesantes, qué va a reflejar el proyecto en mi carrera, si es una producción de un gran teatro por ejemplo… Y luego, si el personaje me atrae más o menos que otro, claro.

ADF: Barroco inédito, canción española del XX, recuperación de zarzuelas… ¿qué prefiere?

MB: Lo hago todo, me gusta todo, solo me falta el tiempo.

No me ha gustado nunca lo trillado, mi personalidad me exige experimentar, y es que hay tanta música, me gusta descubrir.

El proyecto de música latina con el Teatro Real en origen era para canto y piano. Y yo propuse montarlo con ensemble, me pareció más interesante y quería experimentar con música latina. Es la curiosidad que siempre tengo, no cantar lo habitual. Eso sí, se necesita el tiempo de trabajo necesario para cambiar de registro. Es un repertorio con raíces populares, que no sé por qué no se interpreta más, vinculado al idioma además. La canción siempre es difícil, del país que sea y en el idioma en que se cante.

Son muy interesantes estas actividades que enmarcan la ópera, el Teatro Real lo está haciendo muy bien, en esta época en que el público de la clásica se reduce y hay que atraer a los jóvenes, interesados por este otro tipo de formato.

ADF: Es una lástima que la crisis (me imagino que esa es la razón) haya truncado el seguir grabando zarzuelas modernas, un proyecto en el que estuvo muy involucrada…

MB: Para empezar, fue una lástima que fuera un sello francés el que se interesara por nuestra música, y no hubiera aquí nadie que apoyara este proyecto.

Curiosamente, en mi carrera no he cantado tanta zarzuela, lo que he hecho ha sido grabar mucha zarzuela. Sólo he hecho sobre el escenario una Doña Francisquita en el teatro Colón de Buenos Aires, con montaje de Emilio Sagi, que valoraba esta obra como si fuera una ópera. Y la Iphigenia en Tracia de esta temporada.

Me gustaría recuperar más zarzuela barroca, con estas escenografías imaginativas y modernas.

ADF: ¿Qué papel o qué música le gustaría abordar que sabrá que nunca hará?

MB: Traviata, que por voz pude hacer, pero nunca me atreví en escena, aunque he estudiado sus arias. Nunca  me pareció el momento, la oportunidad.

ADF: ¿Hay alguna pregunta que no hemos hecho que le gustaría contestar?

MB: Me gustaría hacer referencia a los cursos de canto lírico que doy todos los años en la Universidad internacional Menéndez Pelayo, en los cursos de verano de Santander. Una semana de clases magistrales, con un pequeño recital al finalizar la semana. Es una lástima que esta convocatoria no llegue a más estudiantes de canto, porque al enmarcarse en un proyecto universitario, y no estar las enseñanzas musicales en la universidad, no tiene la repercusión que sería deseable. Estoy muy contenta yendo todos los años, porque es un proyecto con continuidad, al que los alumnos vuelven.

ADF: Muchas gracias por el tiempo que nos ha dedicado, ha sido un placer participar en esta conversación.

 

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