La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Mie, 29 Mar, 2017

Méhul engrandece su figura

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FERNANDO FRAGA / Étienne-Nicolas Méhul, compositor francés que vivió entre 1763 y 1817, no es del todo desconocido. Una de las arias, Champs-paternels, de la ópera bíblica José en Egipto fue privilegiada por dos tenores importantísimos: uno lógicamente francés, Georges Thill; otro muy norteamericano y judío, Richard Turcker. También un canadiense, Léopold Simoneau; un letón, Hermann Jadlowker; un austriaco, Richard Tauber y un irlandés, John McCormack. O sea, que su música, al menos esta de tanta añoranza de la tierra nativa, obtuvo una amplia difusión discográfica.  Incluso en nuestros días, Roberto Alagna, una especie de paladín a ultranza de la música lírica francesa, la tuvo igualmente en cuenta.

Cuando se cumplieron dos siglos de la Revolución Francesa, la discografía del país vecino tuvo a bien resucitar algunas páginas que pusieron sonidos musicales a aquel decisivo acontecimiento para la evolución política de la humanidad. Méhul que vivió personal y profesionalmente entre esos dos periodos históricos, el pre y el pos revolucionario componiendo música en favor de ambos, se nos descubrió como un perfecto cantor del nuevo espacio político y social: Le chant du départ, Le Chant National y Le Hymne a la raison, una cantata patriótica con texto nada menos que de Marie-Joseph Chénier, hermano (sí, en masculino, pese al nombre) del asimismo poeta André, protagonista póstumo de la brillante ópera de Umberto Giordano y autor justamente del citado Chant du départ (por cierto, también grabado en disco por Georges Thill en 1932),.

Si esta música de un oportunismo sospechoso engrandeció la figura de Méhul más motivo para ello supone la publicación de una obra corta que acaba de sumarse al fantástico catálogo de libros-discos que patrocina el Palazzetto Bru Zane.

Uthal es ópera en un acto de 1806, año en el que Beethoven seguía empeñado en dar mejor forma a ese Fidelio que tanto se le resistía.  Drama lírico pero con diálogos hablados, como la Medée de su colega Cherubini; ambas se estrenaron con algunos años de diferencia en el Teatro Feydeau, como entonces se conocía al escenario de la Opéra-Comique.

Opera muy gluckiana ya desde el inicio que recuerda sobremanera el de Iphigénie en Tauride, con la entrada tumultuosa de la protagonista interrumpiendo la no menos tumultuosa obertura. El personaje del tenor, Uthal, recuerda canoramente al de Pylade de esa misma partitura gluckiana. Cuenta este personaje con una de las arias más hermosas de la partitura: Tel que l’on voit sur nos montagnes que se evidencia ideal para el elegancia y delicadeza canoras de Yann Beuron.

Beuron con Karine Deshayes (Malvina) y Jean-Sébastien Bou (Larmor) son los más responsables de sacar adelante la obra de Méhul; lo mismo que el coro (muy exigido y con momentos bellísimos) y la orquesta, encomiendas respectivas al de Cámara de Namur, ya presente en anteriores grabaciones de esta preciosísima colección y el que colabora a menudo con Les Talens Lyriques y su fundador Christophe Rousset.

Dos nombres, el del conjunto y el del director, que no necesitan adjetivarse positivamente, pero se impone en el caso del primero citar la espléndida lectura que efectúa del coro de los bardos con la preciosa intervención en solitario de Philippe-Nicolas Martin, como principal voz cantante (nunca mejor escrito) de dicho grupo poético.

Con referencia a Deshayes, es de apreciar la calidad vocal de que dispone, la perfecta dicción que desgrana y la traducción estilística de la que hace gala. Parece oportuno resaltar aquí el hecho de cuántas voces mezzosopraniles de calidad hay en la actualidad, muchas de ellas francesas, capaces de colmar un repertorio amplísimo tanto de la ópera francesa como de otros orígenes: Sophie Koch, la Brunet-Grupposo, la Uria-Monzon, Marie-Ange Todorovitch, Srephanie d’Oustrac, Marianne Crebassa y Julie Boulianne, etc., sin olvidar la recién llegada Clementine Margaine que ha irrumpido en el panorama con un ímpetu imponente.

Méhul prescinde de los violines en la orquestación de Uthal para darle a la obra una atmósfera húmeda, boscosa, la apropiada al tema y que recuerda o puede evocar la de Rossini en La donna del lago, porque ambas abordan un asunto argumental cercano (y muy querido) al Romanticismo. De hecho el libreto de Bins de Saint-Victor aparece escrito  como “en verso imitando a Ossian”. Ya se sabe lo que representó este (supuesto) poeta irlandés, Ossian, para el Romanticismo.

Como Uthal es una novedad absoluta en la discografía,  volviendo inevitablemente a José en Egipto se añade más información: se cantó (¡en alemán!) en 1955 en la Radio de Stuttgart y se grabó completa  en 1989, con el protagonismo de Laurence Dale que es un tenor inglés con dedicación complementaria a la dirección de escena operística.

Otra obra de Méhul, con William Christie, sin sus Arts Florissants y sí con la Capella Coloniensis, se registró en 1995: Stratonice. Por lo tanto, existe material suficiente para no dudar de la categoría de este compositor que inspiró y fue muy respetado por  Berlioz y Meyerbeer.

Precisamente de Berlioz, en esta edición, se incluye en la parte literaria un artículo suyo el cual, junto al de Gérard Condé, permite a quien redacta el no extenderse más en la presente nota, al remitir al lector a esos esclarecedores contenidos. Hay como es habitual en estas entregas, otros textos de esos que hacen que todas estas mimadísimas publicaciones merezcan la inatacable consideración de excepcionales.

Esta grabación de Uthal se llevó a cabo en mayo de 2015 en la Opera Real del palacio de Versalles a resultas de una interpretación concertada de la obra en ese tan aristocrático recinto.

ES 1026

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