La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Lun, 1 May, 2017

Mozart y Salieri: ‘Qué mala es la envidia’

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BLANCA GUTIÉRREZ / Desde hace cuatro años el Teatro de la Zarzuela viene desarrollando un proyecto de colaboración con la Fundación Juan March, denominado Teatro Musical de Cámara, para poner en escena obras líricas de cámara, cuyo pequeño formato las hace inadecuadas para ser representadas en grandes escenarios operísticos, pero que merecen su recuperación y puesta en escena.

La semana pasada se presentó en Madrid Mozart y Salieri, de Rimski-Korsakov, obra estrenada en su momento en una función privada en 1897 con Rachmaninov al piano y el cantante Fiodor Chaliapin haciéndose cargo de los papeles cantados de la partitura. El compositor había elegido una de las “pequeñas tragedias” de Pushkin y la obra sirvió sin apenas modificaciones de libreto. El compositor Aleksandr Dargomyzhski, había escrito, años antes El convidado de piedra, sobre otra obra de Pushkin, y Rimski-Korsakov decidió seguir el mismo camino que comenzó Dargomyzhski: una obra  sin arias virtuosísticas con un canto situado entre el recitativo y el arioso, centrado  en el contenido y en la expresión emocional del texto.

En esta ocasión, a lo largo de siete representaciones en la Fundación Juan March, con Borja Mariño al piano y la dirección musical, y el bajo Ivo Stánchev en el papel de Salieri y el tenor Pablo García-López en el de Mozart,  el público madrileño ha podido disfrutar de un espectáculo no por reducido, menor.

La envidia es un pecado muy cercano a la mayoría de los seres humanos, y cuando el genio y la creatividad entran en la ecuación, muy habitual. Desde la prematura muerte de Mozart corrieron rumores de todo tipo sobre la causa de su fallecimiento. Pushkin se fijó en uno de ellos para escribir una pequeña obra maestra sobre la debilidad humana: aquel que decía que Mozart había sido envenenado por un Antonio Salieri (6 años mayor que él) incapaz de reconocer el genio del salzburgués. Asumida desde hace años como falsa, la anécdota ha encendido la imaginación de muchos aficionados y artistas, ya que es precisamente la humanidad de un pecado de esta índole la característica que le confiere verosimilitud.

El Teatro de la Zarzuela y la Fundación Juan March nos ofrecieron un hermoso espectáculo, donde destacaron todos los elementos en escena. Tanto Ivo Stánchev como Pablo García-López demostraron unas voces muy apropiadas para sus respectivos papeles, y fundamental en esta obra, una perfecta adecuación dramática a los personajes. Mariño, desde el piano, matizó cuando fue necesario y enfatizó en otras ocasiones el trabajo del compositor, que cita en varios momentos la música de Mozart.

Rita Cosentino, directora de escena, hizo un extraordinario trabajo, manejando el espacio escénico (que por necesidades de la sala, debe ser estático) con gran habilidad, ya que lo amplió hacia el exterior mediante el cuidado uso de unos vídeos proyectados en diversos momentos de la representación; e igualmente, lo cerró hacia la conciencia interior de los personajes, empleando también la proyección de video. Lo que muchas veces resulta un efecto forzado, que no añade matices ni amplía información a lo que sucede en el escenario, Cosentino supo emplearlo para reforzar la historia que desarrollan los cantantes en el escenario, aportando información y creando el ambiente necesario para el desenvolvimiento de las pasiones representadas.

Una obra que gustó al público que ha llenado todas las representaciones, demostrando que no hay formato pequeño cuando se trabaja desde la mayor profesionalidad y el riguroso respeto a la obra y al público. Esperamos con interés las propuestas de la nueva temporada.

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