La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Nuevos cuadros sobre idénticos paisajes

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ZZT-345

ELISA RAPADO /

Aunque no es el único que ha formulado su opinión en este sentido, el conocido musicólogo Miguel Álvarez se ha referido al pequeño ensemble instrumental como la formación más característica de la música del siglo XX, del mismo modo que la gran orquesta caracteriza al tardío siglo XIX y el piano al romanticismo. Este ensemble, cuya característica principal radica en estar formado por un número no determinado de instrumentos distintos surge a consecuencia de la experimentación en texturas, colores y timbres que requiere la Klangfarbenmelodie schönbergiana. Su asociación con la voz cantada y el Sprechgesang nace en un primer momento, a través del Pierrot Lunaire con el que Schönberg marca definitivamente un camino propio, que habría de servir de experimentación no solamente a sus discípulos a lo largo del siglo XX, sino de otros muy numerosos compositores después de las Guerras Mundiales.

Las composiciones recogidas en este disco llaman la atención porque no fueron escritas originalmente para ensemble camerístico, sino recreadas, imaginadas de nuevo por la inventiva estética o bien en nuestros días por Reibert de Leewn, director del Het Collectief que tan magníficamente suena en estas adaptaciones, o bien por distintos compositores (Erwin y Leonard Stein o el propio Schönberg), que realizaron la adaptación más o menos cerca de la fecha de la propia composición. El arreglo más próximo es el realizado por Schönberg en 1920 sobre la Berceuse elegiaque de Busoni, compuesta en 1909.

No es posible encontrar una sola pieza que no adquiera significados nuevos y sugerentes tras su paso por la escritura para pequeño ensemble. De algún modo, las propias obras llevan en sí mismas el germen de su relectura para pequeña agrupación, como apreciamos en las esplendorosas subidas enriquecidas de Die Nachtigall, la misteriosa oscuridad brillante de Die Nacht, o las tonalidades sugerentes de Sommertage.

Aunque el objetivo de las orquestaciones consiste en desplegar las texturas en torno a la voz, enmarcándola y resaltándola, otras artistas podrían haber tenido miedo a no reinar sobre el conjunto. Sin embargo, en el resultado final, la voz de la joven Katrien Baerts se integra, casi como un instrumento más del ensemble, pero resaltando siempre su generoso color y sus cualidades naturales. Es indudable que la agrupación suena muy bien en las piezas solistas (Passacaglia weberniana y la Berceuse de Busoni), en los momentos de expresividad forte (el final de Als ihr Geliebter schied, de los Maeterlincklieder de Zemlinsky, por ejemplo). Sin embargo, donde más destacan las orquestaciones nuevas es en las atmósferas misteriosas y los frecuentes pianos o los glissandi que desdibujan la escritura y la redefinen. El espíritu de la más pura Secession anima un disco lleno de momentos de emocionante sorpresa.

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