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Paul Kieffer se presenta de la mano de Jacques le Polonois

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EDUARDO TORRICO /

La capacidad de la llamada música antigua para recuperar autores poco o nada conocidos y obras olvidadas resulta asombrosa. El laudista Jacques le Polonois, también conocido como Jakub Polak o como Jakub (Jacob o Jacques) Reys (Reis, de Rais, de Reiz, de Restz, de Retz o du Retz) nació, como su propio nombre indica, en Polonia, en una fecha no determinada entre 1545 y 1555, si bien la mayor parte de su carrera musical transcurrió en Francia, a donde llegó en 1574 formando parte del séquito de Enrique III, quien, a pesar de haber nacido en Fontainebleau, llegó a ser rey polaco y gran duque de Lituania, con el nombre de Henryk Walezy (o sea, Henri de Valois), antes de serlo de Francia. Esta auténtica macedonia de nombres y de apellidos ha sido la culpable de que hasta hace bien poco se pensara que Jacques le Polonois y Jakub Reys eran dos músicos distintos.

En Francia, y hasta su muerte, acaecida hacia 1605, Le Polonois no sólo trabajo como laudista del monarca, sino también como ayuda de cámara, cargos que conservó a partir de 1589, cuando, al fallecer Enrique III, le sucedió en trono su primo Enrique de Navarra con el nombre de Enrique IV. Son varias las fuentes históricas que se refieren a él como el más destacado laudista de su época y como el creador de un nuevo estilo de tocar, aunque hasta la fecha nadie ha sido capaz de determinar en qué consistía ese “nuevo estilo”. Lo cierto es que las obras que se han conservado de él (aproximadamente, sesenta)  están llenas de grandes dificultades técnicas, lo cual hace suponer que, en efecto, fue un intérprete sobresaliente. El disco que se nos presenta ahora contiene veintiocho de esas obras, todas ellas absolutamente francesas, por más que algunas hagan alusión a la procedencia polaca de su autor. Escuchándolas, es fácil llegar a la conclusión de que a Le Polonois le gustaba experimentar con las sonoridades de su instrumento, especialmente en las danzas (la titulada Sarabanda de Jacob es un claro ejemplo de ello).

Paul Kieffer es un joven laudista (25 años), producto de esa prodigiosa e inagotable cantera que es la Schola Cantorum Basiliensis, donde tuvo como profesor a Nigel North. Especializado en el repertorio renacentista, es este su debut discográfico en solitario, si bien ya se anuncia la aparición de su siguiente disco en el sello Arcana. En esta grabación emplea un laúd de ocho cuerdas, réplica de un modelo construido en Padua por Vendelio Venere en 1582. De Kieffer llaman la atención no pocas virtudes: solidez técnica, precisión, delicadeza y, por encima de todo, una transparencia sonora impresionante. Creo que estamos ante un intérprete que tiene muchas cosas interesantes que decir en el futuro. Por si ello no fuera suficiente, el disco, editado por el sello alemán Aevitas, es un dechado de suntuosidad, desde la calidad de los materiales con que está confeccionado hasta las bellísimas ilustraciones, pasando por unas notas informativas más que notables (en inglés, francés y alemán). Todo un hallazgo Kieffer, como también lo es Jacques le Polonois y su música.

 

 

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