La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Lun, 8 May, 2017

Pintscher intercontemporáneo

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JOSÉ ANTONIO TELLO SÁENZ / Matthias Pintscher, compositor y director alemán, aquí en dualidad brillante por coincidencia y no por dependencia, es un nombre que nos llega ya como una garantía de calidad. En sus manos está el Ensemble Intercontemporain, desde 2013, con lo que significa también merecer la custodia de su pasado. Poco más para despertar a curiosos y navegantes.

Bereshit, para gran conjunto, tiene una entrada lenta y perezosa, como una fuerza subyugada de la naturaleza, que no habita carácter ni belleza, ajena aunque a medida de los sentidos. La obra despierta y se descubre a ese ritmo para ir recorriendo progresivamente las habitaciones instrumentales, abriendo puertas y ventanas, y bajo sus luces recuperar la calma de la nota única, el origen de todo… Empujada por una participación creciente de vientos y cuerdas que se cruzan produciendo contactos sobrenaturales, la afinación va perfilando la expresión y abriendo intenciones, atisbos de normalidad para el oído que ha tardado en encontrarse en este espacio sonoro pero que sí ha mantenido la expectativa y la sorpresa tan esenciales. Termina el viaje en una nueva duermevela, como si realmente la obra no hubiera despertado del todo y sólo hubiese estado combinando pulsos reflejos, olas devueltas al mar del silencio siempre inabarcable en el margen de nuestro testimonio. Bereshit es la primera palabra de la Biblia hebrea, literalmente “En el principio”, y corresponde al Génesis.

Con Uriel y su chelo argumentador se reduce el diálogo orquestal a un piano, suficiente para la negación de esa soledad aparente de la voz principal, proporcionando un buscado fondo de contraste. La maravillosa riqueza del chelo sobre la sencillez del acompañamiento convierte esta cuasi sonata en un descanso acústico entre las otras dos piezas, que requieren sin duda una atención algo más compleja. El piano se presencia con timbres muy limpios, ponderados, sin fraseos protagonistas. Sabemos que Uriel fue uno de los siete arcángeles de Dios, extensión del fuego implacable que expulsó a Adán y Eva del Paraíso, pero también el guardián del conocimiento. Aunque aquí parece ser un inspirador en segundo nivel, tal y como detallan las notas al CD, detrás del cuadro homónimo de Barnett Newman con efectos creadores sobre Pintscher. El chelista Éric-Maria Couturier es miembro también del ensemble, y su indudable calidad como solista viene a representar de paso el buen nivel de su conjunto.

En Songs from Solomon’s Garden la música se pone al servicio de la entonación de los textos, de su necesidad espiritual más allá de las creencias religiosas encarnadas por este Capítulo 2 del Cantar de los Cantares. La escritura amorosa que viste al tópico místico fricciona con la seriedad musical, de manera que nos llega como un monólogo interior ajeno a los convencionalismos de toda recreación literaria. Los sonidos se ordenan por planos flexibles, se superponen y coordinan para dar una música un lado ciertamente onírico, que suena como una especie de ensoñación o delirio supradramático en boca del potente barítono Evan Hughes. El texto extemporáneo toma forma de revelación en manos de esta modernidad y su lectura aséptica, quedando iluminada la marca de agua de su transcendencia.

Tres importantes obras montadas como un trípode para sostener el espejo del creador autosuficiente, valgan las metáforas de la numerología, pero también como un tridente para este Neptuno de la nueva música.

ALPHA 218

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