La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Dom, 5 Mar, 2017

Primer concierto del Festival de Arte Sacro,primer éxito

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COLLEGIUM MUSICUM
CLAUDIO MONTEVERDI
Vespro della Beata Virgine

SOLEDAD BORDAS / El primer concierto del Festival de Arte Sacro organizado por la Comunidad de Madrid se celebró este 2 de marzo bajo la atenta mirada del león de San Jerónimo, que desde el cuadro de Rafael Tejeo observaba todo cuanto sucedía en la iglesia. Antes de empezar, una serpenteante cola de pacientes madrileños daba la vuelta al templo esperando la apertura de la puerta principal.

Collegium Musicum había preparado una nueva versión de “Vespro della Beata Virgine” de Claudio Monteverdi a partir de la edición veneciana de 1610 dedicada al papa Paulo V. En la iglesia de San Jerónimo el Real sí está permitido el uso de instrumentos para acompañar a la voz. No así en otros templos, como la Capilla Sixtina (en tiempos de Monteverdi) en la que ni siquiera podía sonar el órgano. Había pues, además de las diez voces, instrumentos que acompañaban e incluso interpretaban alguna pieza a solo.

Sopranos: Delia Agundez, Ítaca Vicente
Altos: Beatriz Oleaga, Sonia Gancedo
Tenores: Victor Sordo, Diego Blázquez, Ariel Hernández, Fran Braojos
Bajos: Javier Cuevas, Bart Vandewege
Arpa: Manuel Vilas
Tiorba: Jesús Sánchez
Violonchelo: Guillermo Turina
Violone: Mario Lisarde
Órgano: Miguel Jalôto
Dirección y tiorba: Manuel Minguillón
Director invitado: Javier Ulises Illán

De muchos aficionados es conocida la calidad artística de estos intérpretes, a los que se escucha con frecuencia tanto como solistas como formando parte de diversos grupos. Las expectativas se cumplieron con creces en cuanto a perfección técnica, sentido musical y compenetración entre los distintos componentes del grupo. Merece destacar la teatralidad de la puesta en escena, derivada de la alternancia de motetes y salmos y las distintas formaciones vocales en cada uno de los catorce elementos que componen la obra. Dúos, tríos, cuartetos, sextetos con acompañamiento instrumental. El director, Javier Ulises Illán controló en todo momento los cambios constantes en la distribución del grupo vocal incluso cuando cantaban todos juntos.

El momento más espectacular fue durante Audi coelum, cuando uno de los tenores sale de escena y aparece en lo alto del coro en el lado opuesto al altar mayor, acompañado de una de las tiorbas. El efecto estereofónico funcionó bien en la acústica de la sala. Y el efecto teatral, que era algo al uso en los tiempos antiguos, nos sorprendió en el marco de una iglesia más moderna.

La música sacra escuchada en el espacio para el que está compuesta tiene un componente añadido al placer de la escucha y es poder contemplar a la vez los cuadros, retablos y figuras que adorna las paredes y la cúpula de los templos. Parecía que la iconografía religiosa inspiraba los estados de ánimo de los músicos. Así pudimos sentir el dolor de la imagen de la Virgen de la Soledad situada en el altar lateral durante la interpretación del motete Pulchra es cantado por Delia Agúndez e Ítaca Vicente. Y en los momentos en que cantaban y tocaban todos, las figuras del cuadro que adorna el altar mayor “La última comunión de San Jerónimo” (Rafael Tejeo), parecían tener en sus rostros la emoción de la música que se estaba interpretando.

Con este concierto ha quedado claro que las nuevas generaciones de músicos en nuestro país están a la altura de los más exigentes melómanos europeos. Es muy de agradecer a los responsables de este Festival de Arte Sacro que hagan visible esta realidad y nos den la oportunidad de escucharlos, conocerlos y seguirlos.

 

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