La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Dom, 24 Nov, 2013

Santiago Lanchares: ‘La melodía es la parte más humana de la música’

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MARTIN LASALLE /

Santiago Lanchares  (Piña de Campos, Palencia, 1952) es un compositor de ritmos pausados, en lo humano tanto como en lo artístico. Quienes lo conocen saben bien que a ‘Santi’ -como le llaman todos sus amigos- no se le pueden reclamar prisas ni urgencias. Sin embargo, de su obra, por fuerza breve, escasa (al menos más de lo que muchos desearíamos) y escueta, así como de su persona, emana la cualidad de lo auténtico, de lo verdadero. Este creador de sonidos, que se inició en las músicas populares, flirteó con las vanguardias y fue poco a poco decantándose por un estilo muy personal en donde ritmo y melodía ocupan un lugar preponderante, va por libre, a su aire; su obra dejó pronto de mirarse en espejos ajenos para buscar una verdad propia e intransferible que persigue con el afán y la minuciosidad de un paciente buscador de tesoros. Estos días el nombre de Lanchares adquiere actualidad por partida doble; el sello Verso, siempre activo en la defensa de la creación española e iberoamericana más actual, le dedica un segundo CD monográfico (tras el que publicara hace unos años con su obra para piano) centrado en sus primeras composiciones. Además, la Orquesta Sinfónica de RTVE, bajo la dirección de Michael Francis, estrena el próximo jueves 28 de noviembre (con repetición el viernes 29) su última creación orquestal, la pieza Lamento, Súplica y Renacimiento. Acerca de estos dos felices acontecimientos gira la siguiente entrevista.

VRS2137-CoverEL ARTE DE LA FUGA.: Verso acaba de publicar el segundo CD monográfico dedicado a tu música. ¿Nos puedes hablar un poco del contenido del mismo?

SANTIAGO LANCHARES: En él se incluyen mis primeras composiciones, si exceptuamos alguna de piano y alguna otra. La primera de ellas, Krono, la escribí en 1986 cuando iba a las clases de Luis de Pablo en el Conservatorio de Madrid; digamos que fue una especie de ejercicio escolar pero estoy lo suficientemente satisfecho de ella como para presentarla en un CD. A través de estas obras, que abarcan más o menos un período de seis años (salvo Sombra de luna, que es un poco posterior) se ve claramente una evolución en el estilo. Krono es una obra con un lenguaje de vanguardia, pero las siguientes van evolucionando hacia un melodismo que aparece ya en las dos obras sobre poemas de Jose Angel Valente Cerámica con figuras y Vav. Al estar escritas para voz, hay ya un tratamiento melódico casi obligado; digo casi porque no siempre en aquellos años el texto se trataba como melodía, más bien se rehuía el hacerlo. Este melodismo desemboca en Recordando a Ma Yuan, para clarinete y electroacústica, que es ya claramente una melodía acompañada, sin tapujos. El disco incluye otra pieza para violonchelo solo, Sombra de luna, que refuerza esta evolución, pues se trata de una especie de melopea sin complejos. Y luego, por otro lado, hay otra obra, Ritos y fiestas en donde empieza a emerger el aspecto rítmico, que más adelante cultivé mucho, sobre todo en mis obras para piano. Ritos y Fiestas es una obra que consta de tres danzas: una Pavana, una Cumbia y un Pasodoble. El referente ya no son las vanguardias sino Stravinsky, el Stravinsky de La historia del soldado; de hecho Ritos y fiestas tiene la misma plantilla. De Stravinsky me atraía ese vitalismo, esa alegría, a veces también ese sentido del humor que estaba ausente en el lenguaje de las vanguardias en el que me había formado. En esta obra, por primera vez tomo modelos en mi música, a diferencia de las anteriores (y la mayor parte de las posteriores) que yo creo que son bastante personales. Estos modelos son Stravinsky, en el estilo, y cada uno de los tipos de danza, en lo formal. Para el CD he tenido la fortuna de contar con un grupo de intérpretes excelentes y entregados, tanto el director, José Luis Temes, que se volcó por completo en la grabación, como el grupo instrumental neWMas Ensemble y los solistas vocales Magdalena Llamas y José Manuel Montero. Debo agradecerles a todos desde aquí esa entrega, así como a Verso y a la Fundación BBVA, que ha decidido incluirlo en la colección que está dedicando a la música contemporánea española y latinoamericana.

AdF: ¿Cuál fue tu relación con Jose Angel Valente? ¿Cómo llegaste a su poesía, y por qué decidiste utilizarla como base de alguna de tus obras?

S.L.: Llegué a Valente a través de Luis de Pablo. Después de haber escrito Krono me sugirió que hiciera una obra vocal y, a petición mía, me indicó una serie de poetas españoles contemporáneos, entre ellos José Angel Valente. Después de un tiempo de lecturas encontré dos poemas de Valente que me gustaron muchísimo; uno de ellos, Cerámica con figuras, contiene una especie de misticismo contemplativo (frecuente en la poesía de Valente) que me sedujo de inmediato por la belleza y la pureza de sus imágenes. El otro poema, Vav, es de índole opuesta, no contemplativo sino dinámico; lo veo como un canto simbólico a la energía inagotable del universo. Una vez iniciada la composición, tuve que pedirle permiso para usar sus textos, y me lo concedió sin ningún problema, tratándome de una manera muy amable y generosa. Cuando se estrenó Cerámica con figuras le envié una grabación y me contestó al cabo de varios meses diciéndome que había estado muy enfermo (de hecho poco después falleció) pero que la obra le había parecido bellísima y que le había servido de consuelo en su enfermedad. La verdad es que guardo de él un gran recuerdo como poeta y como persona.

AdF.: Algunos han definido tu estilo musical como un nuevo melodismo ¿estarías de acuerdo en ello?

S.L.: Bueno… pues…desde luego creo que hay algo de eso, sí. Y he de reconocer que quien me orientó hacia ese camino fue, nuevamente, Luis de Pablo. Después de haber escrito los dos poemas de Valente, me sugirió que practicase la melodía, que veía en mi música condiciones para ello. Fue entonces cuando compuse Recordando a Ma Yuan, para clarinete y electroacústica, que es una especie de melodía acompañada: melodía del clarinete acompañada por la electroacústica. Lo cierto es que en aquellos años no estaba muy de moda hacer semejantes alardes, y más teniendo en cuenta que el melodismo de esta obra está sustentado en una armonía clara, diatónica, yo diría que modal. O sea, que iba un poco a contracorriente. Más tarde empecé a interesarme por el ritmo en una serie de obras para piano. Primero en los ritmos populares de Ritos y Fiestas, y a continuación en ritmos más abstractos, derivados de combinaciones numéricas basadas en la simetría. Pero es un ritmo que está en íntima conexión con la melodía, lo que yo llamo un meloritmo, siguiendo así aquella idea de Stravinsky de hacer una música que cante y que baile. Creo que la melodía, en cualquiera de los múltiples aspectos o configuraciones que pueda adoptar, es la parte más humana de la música, la que mejor expresa los sentimientos.

lancharesAdF.: Eres un compositor de combustión lenta, quiero decir con ello que tu obra no es muy abundante. ¿A qué razones se debe el que tu catálogo sea todavía, a tu edad, 60 años, relativamente escueto en cuanto a número de obras? ¿Tardas mucho en componerlas? ¿Pasas grandes períodos entre una composición y otra reflexionando sobre qué quieres o qué vas a acometer? ¿Cuál es tu método interior de trabajo para sacar adelante tu obra?

S.L: Supongo que la razón principal es que soy lento, un compositor lento, una persona lenta, esa es una de mis características. Realmente no poseo un método de trabajo muy definido, soy una persona un tanto caótica, quizá todo dependa de eso. Realmente le doy muchas vueltas a las cosas, y me guía un afán de perfeccionismo que nunca se llega a satisfacer del todo. Supongo que son secuelas de mi educación más temprana. También es verdad que en la mayor parte de mis obras no he tenido modelos, así que me los he tenido que inventar, y cuando te inventas a ti mismo tienes que resolver más problemas que cuando partes de un modelo previo. Otra razón puede ser también las dudas, porque practicar un lenguaje que no es el que se lleva en ese momento te hace sentirte a veces un bicho raro, te produce dudas, inseguridades que ralentizan todo. Por otro lado soy una persona con una gran curiosidad hacia la vida y hacia el mundo, con un afán por conocer, no solo de música, sino de otras muchas materias: el Arte, por supuesto, la Historia, la Política, la Naturaleza en sus múltiples aspectos… y todo ello a fondo. Lo que hace que no dedique tanto tiempo a la música.

AdF: Éste es tu segundo disco en Verso, tras el dedicado a la obra para piano con Ananda Sukarlan, y el tercero que se edita de obras tuyas en un lapso de tiempo relativamente breve. Tus obras, además, se tocan con relativa frecuencia. ¿Te consideras un compositor afortunado en cuanto al destino de tu música?

S.L.: Pues sí, en ese sentido soy muy afortunado porque prácticamente todas las obras que he compuesto se han estrenado y ahora mismo casi todas están grabadas. Hay tres discos monográficos, además de otras grabaciones colectivas. Son las ventajas de no tener mucha obra (risas)

AdF: A la gente le gusta ¿no? Tienes admiradores de tu obra que la defienden a capa y espada.

S.L.: ¿Ah si? No lo sé.

AdF: Sí, sí, empezando por el propio José Luis Temes o Ananda Sukarlan, que son los dos interpretes…

S.L: Desde el punto de vista de los intérpretes, sí.

AdF.: ¿Qué relación tienes con el público, si tienes alguna? ¿Buscas al público cuando compones? ¿Piensas en él?

S.L.: Mi relación con el público es secundaria. Por supuesto, a todos nos agrada el reconocimiento a nuestro trabajo, pero esto pertenece a una fase posterior a la composición. Mientras compongo solo pienso en que el resultado sea el mejor posible: una expresión adecuada a la idea, una forma que esté a su servicio; y encontrar el material conveniente. Como ves, el público no entra en estos presupuestos; pienso, sobre todo, en mí mismo.

AdF: ¿Quieres decir que compones la música que te gustaría escuchar?

S.L: Me gusta escuchar casi todo tipo de música, especialmente la buena; y ahí entran por definición todos los clásicos, incluidos los populares. La música que compongo claro que me gusta, pero es una más, aunque un tanto privilegiada, entre la que me gusta escuchar.

AdF: ¿Has llegado a retirar alguna obra del catálogo?

S.L.: Hay muchos proyectos de obras que se han quedado simplemente en proyectos o a mitad de camino; quizá tantos como obras acabadas. Pero prácticamente todas las obras que he terminado se han estrenado y, salvo un par de ellas, están ahí y las sigo manteniendo, para bien o para mal.

AdF.: De hecho, quizá lo que faltaría ahora mismo para completar, discográficamente hablando, un panorama completo de tu obra sería una grabación dedicada a tu música para orquesta…

S.L: Sí, aunque no sé si daría para un disco entero, quizá falte alguna futura. También hay una serie de obras a solo o vocales más recientes que podrían completar otro disco.

AdF: Tu próximo estreno es precisamente una obra orquestal, un encargo de la Orquesta Sinfónica de RTVE que se estrena estos últimos días de noviembre, con dirección de Michael Francis. Háblanos por favor de esta obra.

S.L: La obra deriva de las tres piezas ‘a solo’ del ballet Castor y Pollux: Lamento, para marimba y vibráfono; Súplica, para vibráfono, y Renacimiento, para piano. Estas tres piezas tienen, para mí, suficiente materia y enjundia como para trasladarlas a la orquesta, con mayor o menor literalidad. Lo que busco en ellas es expresar aquello que dicen sus títulos: Lamento es un lamento, Súplica es una súplica, y Renacimiento es un renacer a la vida. En conjunto plantea tres posibles etapas en la resolución de una crisis humana, que se pueden adaptar a muchas situaciones diferentes. La obra está escrita para una orquesta media, de maderas a dos, es decir no es la gran orquesta de maderas y metales a tres, ni por supuesto la grandísima orquesta de finales del Romanticismo.

AdF.: ¿Cuáles son tus modelos, si tienes algunos, a la hora de componer? ¿Te reconoces heredero o estás sometido a alguna influencia, o vas por libre?

S.L: Como decía antes, no parto de modelos musicales concretos y eso es, en cierto modo, una desgracia (risas), porque no sé si ha sido un error por mi parte. Aunque sí que he tenido modelos no musicales: una situación personal, un poema, un paisaje.. En cierta etapa mis modelos estaban en la Naturaleza, que es el gran misterio de la vida. Pero la Naturaleza no “escribe música” y hay que saber traducirla; es esquiva en grado sumo, por encima de todo lo humano en sus dimensiones y en su complejidad. Así que cuando compongo sigo mis propios procedimientos, que se basan en un “laaaaargo” y laborioso proceso de búsqueda y de evolución, intentando simplificar para multiplicar. También he tenido mis ídolos musicales, que van cambiando con los años: Bach el divino, Webern por su pureza, el visionario, modesto y generoso Messiaen, Ravel por su precisión, Stravinsky por su vitalismo, Haendel también vital, y tantos otros. Todos ellos admirables en grado sumo.

AdF: Procedes de la música no clásica, tus primeras actividades, incluso profesionales, fueron con la música popular, el pop, el rock. ¿Sigues teniendo algún tipo de relación con estas músicas, aunque solo sea como oyente? ¿consideras que son compartimentos estancos, o pueden cohabitar?

S.L.: Efectivamente, aunque mis inicios fueron clásicos, en mi etapa juvenil estuve tocando en grupos de pop y nuestros ídolos eran los de la época: Beatles, Rolling Stones, Creedence…y luego, más tarde lo que se llamaba el rock sinfónico; hasta que decidí tener una formación más completa y empecé a estudiar en el Conservatorio, ya con 23 años. Y desde que entré en el Conservatorio olvidé por completo ese mundo y no volví a escucharlo o a frecuentarlo. Eso no quiere decir que a la hora de escribir o de componer, los primeros gestos quizá puedan tener alguna relación con ese mundo, porque me debió dejar alguna huella; pero no soy consciente de ello y tampoco lo era cuando estaba componiendo. Ese gusto por el ritmo, por ejemplo, hace que pueda haber en mi música ciertas conexiones con el mundo del jazz o con el rock, pero no es algo que haya buscado intencionadamente. Entonces, este desapego hacia la música popular que tuve a partir del momento en que entré en el conservatorio, derivaba no solo porque mi foco se centró en la tradición clásica, sino también de la actitud de las vanguardias de alejarse de todo lo que fuera música popular. Ha sido más adelante cuando he vuelto, por ejemplo, a escuchar a los Beatles, a los que había tocado siendo un muchacho de 16 o 17 años; no solamente los había tocado sino que, como ocurre cuando tienes esa edad, los había vivido a fondo. Y entonces, he estado reviviéndolos otra vez y he comprobado que esa música me sigue atrayendo no solamente porque forma parte de mis vivencias, sino porque en ella hay calidad. Calidad a nivel de lo que es una canción, que no es poco. Así que, a posteriori, y con todos mis conocimientos musicales adquiridos, compruebo esa calidad. ¿Por qué? Porque hay creatividad, originalidad, inventiva, versatilidad, modernidad. Muchas de sus canciones son inconfundibles, únicas e intransferibles, van más allá del género de partida, que es el rock americano. Y mi conclusión a todo esto es que la calidad, como el talento, se dan en todos los terrenos; no es exclusivo del terreno clásico, ni del mundo académico. Claro que no es necesario comparar o equiparar a Lennon y McCartney con Wagner o con Stravinsky, eso es obvio para mí. Pero la capacidad para complacer a fondo la experiencia estética se encuentra en muchos ámbitos, más allá de la sacrosanta tradición y de sus herederos. En cuanto a si son compartimentos estancos, yo digo que no; casi nunca lo han sido, y menos hoy en día. Su separación deriva de circunstancias que sería largo enumerar.

 

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  1. Si un día se creara un Premio Nobel mixto Música/Literatura,
    Santiago Lanchares ( Santi ) sería uno de los candidatos al mismo.

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