La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Siéntase como José II por unos eurillos

Compartir
Etiquetas

RIC 361

JAVIER SARRÍA PUEYO / La casa Ricercar, a pesar de todos los avatares que la industria ha ido experimentando en los últimos cuarenta años, se ha mantenido fiel a sus principios. O, al menos, a alguno de ellos. Entre ellos se encuentra la elaboración de programas que van más allá del mero recital y nos adentran en la Historia de la Música. Tal es el caso del álbum que nos ocupa, que trata de evocar –que no de replicar, como veremos– el concierto celebrado en el Kärtnertorteather el día 23 de marzo de 1783. Dos años antes, tras su desagradable huida de Salzburgo, Mozart se había establecido en la capital imperial y advirtió la importancia que para hacer una buena caja tenían los conciertos de pago. El primero que organizó para su beneficio fue, justamente, el que motiva la grabación que hoy presentamos, saldado con un gran éxito al que no fue ajeno el entusiasmo mostrado por el mismísimo emperador José, presente en el acto, quien, según recogió el propio Mozart, no dejó de aplaudir en toda la gala.

Dado que la grabación en estudio que presentamos recogió lo que previamente se había hecho en concierto, por obvias razones de duración no se han incluido la totalidad de las piezas que constituyeron el programa de 1783, pues ello habría representado como mínimo una hora más de música, algo que tal vez ni el más acérrimo mozartiano habría podido absorber decentemente durante un concierto. Comienza, pues, con el primer movimiento de la Sinfonía Haffner como introducción –a cuyo fin sirve perfectamente– para proseguir con la magnífica aria de Idomeneo Se il padre perdei, estrenada con gran éxito en Múnich en enero del mismo año y que, en esta ocasión, cantó su cuñada Aloysia. En ella, la importancia de la escritura para maderas nos recuerda el paso de Mozart por Mannheim Continúa con el recitativo y aria de Lucio Silla In un istante… Parto, m’affretto, que cantó Theresa Teyber.

Uno de los grandes momentos del concierto es el magnífico y peculiar Concierto para piano nº 13 en do mayor, que incluye en su orquestación dos trompetas y timbales. En el evento Mozart interpretó, según contó por carta a su padre, “una breve fuga”. Aquí se hace la Pequeña giga en sol mayor, pieza en efecto breve, pero sustanciosa y ciertamente extravagante, que nos sitúa en un universo musical atemporal y que Mozart improvisó años después al tocar el órgano de Santo Tomás de Leipzig. El precioso Andante grazioso de la Serenata del postillón, con sus partes concertadas para octeto de vientos, precede a las Variaciones sobre Unser drummer Pöbel meint en sol mayor, aria procedente de la ópera cómica de Gluck Les pèlerins de la Mecque, donde Mozart –que originalmente las incluyó, improvisadas, como bis– pudo exhibir su considerable virtuosismo al teclado. Tras la escena Mia speranza adorata… Ah! Non sai quel pena sia, que cantó de nuevo Aloysia Lange, destinataria de la pieza, cantante portentosa en la coloratura, con un brillante sobreagudo, el programa culmina con el resto de la Sinfonía Haffner, cuyo bullicioso movimiento final sirve de espléndido colofón. Al margen del programa original, a modo de bonus tracks –por aquello de completar un minutaje un tanto raquítico–, se incluyen las espléndidas oberturas de Don Giovanni y Die Zauberflöte.

La interpretación es sensacional de principio a fin. La soprano Jodie Devos encarna a la perfección las capacidades técnicas y poder expresivo de la hermana de Constanze, con una voz clara, fresca y muy bien timbrada, que frasea con gusto y maneja con precisión la coloratura. El pianista Sebastian Wienand realiza una interpretación excepcional. Escuchándole uno no puede entender a quienes abominan del fortepiano clásico (en este caso una copia de un Walter de 1795 de magnífica sonoridad), pues los efectos con él logrados, ya sea en el concierto, en las variaciones o en la fuga, desmienten por completo las apelaciones a las limitaciones del instrumento. En particular en la Kleine Guigue asombra la profundidad y fortaleza del sonido. Por lo demás, Wienand es todo elegancia en el fraseo, articula con particular limpieza y derrocha virtuosismo y vitalidad cuando procede.

La Millenium Orchestra es uno de los tres conjuntos del Centre d’Art Vocal et de Musique Ancienne de Valonia (junto al Coro de Cámara de Namur y Les Agrémens), el de más reciente creación (2014), dedicado al repertorio de los siglos XVIII y XIX. Integrada por veteranos y jóvenes, muestra una clase asombrosa, con una calidad individual (tan necesaria en Mozart) y de conjunto que reclama a gritos la multiplicación de sus grabaciones, con finura y contundencia (esos timbales de época tan resonantes…) repartida por partes iguales. Y qué decir a estas alturas de Leonardo García Alarcón, rey Midas del historicismo, en casa ya en el primer barroco (Cavalli), ya en el último clasicismo. Su vitalidad, impetuosidad podríamos decir, insufla vida y chispa a unos pentagramas ya de por sí jugosos, combinándola con una enorme capacidad para el matiz, con unos movimientos lentos celestiales.

Se trata, por ir concluyendo, de un programa maravilloso, evocador, variadísimo, que nos muestra una forma de concebir los conciertos (la de finales del siglo XVIII) seguramente más inteligente y atractiva que la de hoy y que, con esta calidad interpretativa, hará sentirse al oyente como un verdadero emperador.

RIC 361

Dejar un comentario

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>