La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Mar, 11 Jul, 2017

Torbellino de canciones

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FERNANDO FRAGA / El sello Vivat ofrece una nueva entrega de esa serie denominada Decades (Cien años de canciones) donde está haciendo un detallado recorrido por la canción de cámara europea del siglo XIX. Exactamente, en esta ocasión, en el periodo correspondiente a su segunda década: 1820-1830.

Italia está en manos de Bellini; Rusia en las de Glinka; Francia con Niedermayer; Schubert representa a Austria, siendo la presencia alemana la más nutrida, gracias a Loewe y Mendelssohn  además del imprescindible Schumann. Español, ni uno, aunque podría haberse  incluido algún ejemplo de Fernando Obradors o de Falla o Turina… y de algún otro más. No hay muestras tampoco de la canción inglesa, nórdica o centroeuropea. Quizás formen parte de otro capítulo posterior. No hay, por ello, que echarse las manos a la cabeza en indignada reacción, máxime cuando el proyecto es estupendo y los resultados se hallan a la altura de lo planteado.

Para poner en pie este repertorio, se ha reunido un grupo de seis cantantes repartidos por cuerdas femeninas (soprano y mezzo)  y masculinas (tenor y barítono), casi todos bien disciplinados en este tipo de trabajos, unos más conocidos que otros pero, tanto los más veteranos como los más jóvenes, con parejo nivel de calidad. Y asistidos desde el teclado por uno de los pianistas acompañantes más activos y respetados de la actualidad: Malcolm Martineau.

Cantantes mayormente ingleses pero arropados por un alemán que parece centrar presencias entre extremos: el de una armenia, al este, y el de un portugués, al oeste.  No hay fronteras para el canto.

La soprano armenia Anush Hovhannisyan,  una lírico ligera, tiene a su cargo reflejar el mundo melancólico del considerado padre de la ópera rusa, Glinka. Tarea que consuma diligente y con suficiente dotación de medios.

El Schubert de Christopher Maltman es bien conocido por haber participado el barítono inglés en la grabación completa de los Lieder del compositor vienés para el sello Hyperion: voz lírica, clara, plegada al más detallado matiz y a una rigurosa exposición melódica, en conceptos de potente profundidad. Recursos que reaparecen cuando se enfrenta después al Loewe al otro Erlkönig goetheeano.

También inglés y schubertiano avalado por la misma recordada edición de Hyperion es el tenor John Mark Ainsley, elegante de canto, exquisito en los modales, certero en las nociones. En especial cuando se encuentra en el atril con Sehnsucht de Schumann o  Minnelied im Mai de Mendelssohn.

Robin Tritschler pertenece como Ainsley a la cuerda masculina más aguda, un joven tenor irlandés capaz de destacar y ponerse a la altura de sus compañeros con una única oportunidad para hacerlo: Le lac de Niedermayer.

Es fácil asociar de inmediato a Sarah Connolly con el mundo haendeliano, sobre todo tras haberla escuchado  (y visto) en el Giulio Cesare del sajón en el extraordinario montaje para el Festival de Glyndebourne de 2005 con responsabilidad de David McVicar. Artista  versátil y sensible, si se juzgan sus excelentes momentos schubertianos aquí plasmados, incluido el muy piadoso y suculento del Ave Maria.

Bellini y el sur continental han de sonar mejor en una voz más latina que las anteriores. Y así ocurre con el asimismo otro joven tenor pero ahora portugués y con lindo colorido tenoril de inmediata simpatía para el oyente: Luis Gomes. Este traduce con comodidad tres ejemplos cancioneriles muy frecuentados del delicado músico siciliano: Malinconia, ninfa gentil, Vanne, o rosa fortunata y Mi rendi pur contento.

En definitiva: un fructífero viaje cantando a través de Europa. A esperar el siguiente peregrinaje.

VIVAT 114

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