La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Jue, 9 Mar, 2017

Tres tenores en Palacio

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FERNANDO FRAGA / El Palacio de la Prensa, sito en uno de los edificios que más carácter da y más representa a la Gran Vía madrileña, toma el relevo al Palafox como espacio para disfrutar  de una temporada de ópera muy diversificada en su programación de propuestas líricas. De nuevo podemos asistir en directo o diferido a funciones desde los mejores escenarios europeos de ópera pero también de ballet, con María Alsius como discreta, eficaz e inteligente mediadora de esas veladas.

El nuevo recinto acaba de iniciar su travesía con uno de los espectáculos musicales más representativos de estos últimos 30 años: el concierto de los tres tenores celebrado en las Termas de Caracalla, allá por el mes de julio de 1990 y que, visto de nuevo a tanta distancia temproal, sigue vigente y disfrutable.

La función fue presentada por el responsable de ese encuentro, el productor italiano Mario Dradi, del que se comprende que, casi treinta años más joven, pudiera enfrentarse a un reto tan complicado. Y además llevarlo a cabo con tanto primor y utilidad.

Dradi explicó el origen de todo el tinglado. El asunto empezó con la  universal canción Marechiare de Francesco Paolo Tosti. Comían en Roma el día del cumpleaños de José Carreras, superada ya su complicada enfermedad, en un clima algo enrarecido ya que dos de las cuatro personas allí reunidas no se hablaban directamente sino por mediación de Dradi: Pavarotti y Domingo, rivales en arte como años atrás fueran la Tebaldi y la Callas, posiblemente menos por deseo propio y más por diferencias entre sus respectivos fans.

En cierto momento Dradi propuso la idea que se le había ocurrido: que cantaran los tres, en ese momento los cantantes más populares del mundo de la ópera unidos en un mismo concierto.

Acto seguido, con Zubin Mehta por medio, acudieron a un cercano estudio de grabación y al piano comenzaron a cantar aquella Marechiare que se evidenciaría milagrosa. Carreras y Pavarotti se la sabían; Domingo, no. Pero el madrileño le arrancó las gafas a Mehta y con la partitura en la mano leyó la canción a primera vista. Ya se sabe la excelente preparación musical de Domingo, al contrario de Pavarotti. Este se asombró tanto del alarde del colega que de repente se produjo el deshielo entre los dos. Seguidamente, se puso en marcha el futuro concierto.

Sus consecuencias económicas fueron sorprendentes; las artísticas, a la par; la influencia, amplísima. Pronto aparecieron “Las tres sopranos”: Renata Scotto, Ileana Cotrubas y Elena Obraztsova (que encima no era soprano, sino mezzosoprano), por un lado; Kathleen Cassello, Kallen Esperian y Cynthia Lawrence, por otro. Estas en 1996 en Los Angeles, las otras en Siracusa en 1991.

Entre medias de estas chicas (en 1995), también se tentaron los contratenores con un disco donde Andreas Scholl, Dominique Visse y Pascal Bertin, llegaban a cantar en terceto la canción de Tony (Maria, Maria) del bellísimo musical de Bernstein West side story como lo habían hecho también Carreras, Domingo y Pavarotti.

Siempre ese mágico número, el tres, es el formado por tres jóvenes tenores españoles (y no es la primera experiencia nacional en este sentido),  ya con cierto currículo a sus espaldas, que el 18 de marzo van a repetir un espectáculo en Valladolid tomando como modelo al de Caracalla: Javier Agulló, Miguel Borrado Israel Lozano, en perfecto orden alfabético. Tanto monta…  Quedan avisados…

El programa romano de la trimurti de las Termas, un espacio espléndido donde se suelen dar representaciones operísticas veraniegas (allí cantó la Callas Turandot en 1948, dando prestigio al lugar por omnia secula seculorum), estaba muy bien confeccionado y dosificado: arias populares de óperas y canciones de diversos países, oportunidad para universalizar el evento al cantar en alemán, italiano, español, francés e inglés.

Los tres intérpretes encajaban muy bien: Pavarotti ponía la voz, Carreras el corazón y Domingo la cabeza. Todo tuvo un nivel musical notable, pero Carreras  arrasó en Granada de Agustín Lara, Pavarotti en el inevitable Nessun dorma pucciniano (que al final en bis cantaron los tres) y Domingo en la romanza de Leandro de La tabernera del puerto de Sorozábal. Tal entusiasmo puso el tenor madrileño que, hasta los asistentes en la sala del cine, contagiados por la entrega del intérprete, no pudieron evitar que se les escapara un espontáneo aplauso.

Mehta por su lado, dirigió la potente obertura verdiana de I vespri siciliani, contando con dos orquestas de foso teatral importantes: la de la Opera de Roma y la del Maggio Musicale Fiorentino.

Pavarotti cantó Rondine al nido con el flautista Andrea Griminelli, selecto alumno de dos luminarias de ese instrumento de viento: Jean-Pierre Rampal y James Galway. Se recalca su presencia porque tan buen profesional no apareció acreditado en ningún momento en pantalla.

La toma visual se encomendó a quien puede considerarse como el que inventó, modernamente la mejor forma de narrar y captar un espectáculo de ópera a través de las cámaras: Brian Large.

El éxito del evento, con fines estrictamente benéficos,  coincidió con el Campeonato Mundial de Fútbol de ese 1990. Los tres cantantes volvieron a reunirse por similar ocasión deportiva en Los Angeles 1994, París 1998 y Tokio 2002. Dradi, además, promocionó otra sesión tenoril tripartita, esta vez navideña: Los tres tenores en Christmas en el año 2000.

 

El programa que el Palacio de la Prensa propone en su presente temporada musical, que se extenderá hasta que llegue el tórrido verano, está saturado de acontecimientos como para entusiasmar al aficionado menos proclive a ello. Desde el Liceo barcelonés (Rigoletto con Javier Camarena), desde el Covent Garden londinense (Butterfly con la maravillosa Ermonela Jaho y Otello  en el esperadísimo debut de Jonas Kaufmann), desde el Mayo Florentino (Don Carlo en montaje de Giancarlo del Monaco), desde el Festival Puccini de Torre del Lago (Bohème con Piotr Beczala)… Y mucho más.

Las sesiones de ballet no se quedan atrás en atractivos con respecto a las operísticas: hay  veladas desde el Bolshoi y desde el Covent Garden, es decir, desde las dos compañías de baile de mayor tradición y prestigio internacionales.

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