La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Un excelente Mesías con peros

Compartir
Etiquetas

les-arts-florissants-c-guy-vivien1481999774_big

Ibermúsica. Madrid. Auditorio Nacional. 21-XII-2016. 19:30 horas. George Frederick Haendel: El Mesías. Emmanuelle de Negri, Carlo Vistoli, Samuel Boden, Konstantin Wolff. Les Arts Florissants. William Christie

JAVIER SARRÍA PUEYO / El Mesías, obra maestra absoluta del caro sassone, presenta numerosos problemas editoriales, pues, desde la partitura autógrafa de 1741 hasta la muerte de Haendel en 1759, no dejó de representarse, realizando constantes cambios que afectan a un cuarto de los números. Si en disco se tiende en los últimos años a recrear una concreta versión, en concierto es menos frecuente, a pesar de lo cual es lo primero que uno se pregunta cuando acude a un concierto de este monumento musical. Las divulgativas notas del programa nos aseguran que se va a hacer la versión del estreno dublinés de 1742, pero nada más lejos de la realidad. Desde un primer momento, vistos los efectivos, la presencia de oboes y fagotes lo descartaban, llevándonos por el contrario la presencia de trompas a las versiones del Foundling Hospital de los años 50 (del siglo XVIII, se entiende). Pero, al final, nos encontramos con el habitual refrito de diversas versiones que agrupan los números mejor acogidos por el público. Así, se interpretó la virtuosa versión para contralto del aria But who may abide, confeccionada para el capón Gaetano Guadagni en 1750. Para He shall feed his flock se optó por el dueto de alto y soprano (1745, 1749 y Foundling Hospital). Para Thou art gone upon high se opta por la versión para soprano, probable transcripción de la versión para alto. La versión para soprano del aria How beautiful are the feet apunta igualmente al hospicio, aunque con Why do the nations nos vamos a la década de 1740, pues se hace en la versión larga.

Si estas cuestiones musicológicas traerán al fresco al público –y con toda razón–, más dolorosos han sido los cortes, que afectan a números extraordinarios. El Mesías es una composición de tal calidad que cualquier omisión es lamentable, pues resta integridad y equilibrio a un verdadero milagro dramático musical. Y más cuando se emplea la tijera tan a fondo. Así, desaparecen cinco coros (And with his stripes, All we like seep, He trusted in God, Let all the angels of God y But thanks be to God), cuatro recitativos, la magnífica aria para tenor Behold and see y el divino dueto de alto y tenor Oh, death. Uno entiende las limitaciones temporales derivadas de la saturación del Auditorio Nacional de Madrid, pero esta obra hay que escucharla entera.

Y, ahora, metámonos en harina. Este miércoles pudimos disfrutar de una versión que, en lo que a dirección, coro y orquesta se refiere, es casi inmejorable. Aunque algunos –como mi compañero y amigo Eduardo Torrico– se empeñen afirmar que William Christie afrancesa a Haendel, yo jamás he visto un ornamento, cadencia o lo que sea que nos lleve allende los Pirineos. Posee, por el contrario, una afinidad muy particular con el sajón, lo que ha demostrado en cada composición que ha llevado a la escena, la sala o el disco. La devoción teatral del franco-estadounidense le sienta de maravilla a Haendel, compositor dramático por encima de todo. En el Auditorio Nacional lo hemos podido comprobar, con una versión ágil, matizada, contrastada, dramática y profundísima. Cada número está cincelado con el detalle de un orfebre, cuidando al tiempo de lograr una extraordinaria coherencia del conjunto. Puede citarse como ejemplo el coro Since by man came death, en el que el contraste de tempo, dinámicas y fraseo entre la primera parte, a capella, solemne, suave, fúnebre, etérea en la representación inmaterial de la muerte, y la segunda, con la orquesta en pleno y un fraseo contundente y asertivo, en fortissimo y con un tempo veloz, no puede ser más elocuente. El celebérrimo Aleluya tiene toda la fuerza necesaria en sus progresiones y repeticiones, aunque termina con un accelerando algo desconcertante, y no se ahorra triunfalismo y extraversión en los dos monumentales coros conclusivos. El maestro, a pesar de sus ya largos años, muestra una energía y vigor inusitados, lo que se traduce positivamente a la ejecución del conjunto, si bien es cierto que sus taconeos al dar las entradas en los momentos más potentes llegan a distraer un tanto. Sólo hubo un par de decisiones fuera de lugar, como el solo de oboe en la Pifa y la conversión de How beautiful are the feet en un aria con acompañamiento de violín obligado y bajo continuo, sacadas ambas del magín de Christie.

Les Arts Florissants muestran una buena forma envidiable. Es uno de esos grupos que tiran de cantera para lograr una paulatina renovación sin perder un ápice de su estilo y personalidad. La orquesta se mostró como un conjunto extraordinario, ensamblada como un reloj suizo, con una clase que denota su ubicación en el parnaso musical. Ni un desajuste, todo energía, matiz y compromiso en una actuación excepcional. En sus bien nutridos efectivos (cuerda a 6/6/4/4/2, dos oboes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y timbales) se veían caras bien familiares (ya surcadas por las arrugas) junto a jóvenes figuras. Contó con Florence Malgoire como concertino y Béatrice Martin alternando el órgano y el clave. Un doble lujo que dio sus frutos a lo largo de concierto. En particular, fue un constante placer escuchar la ejemplar realización del bajo continuo de la segunda. Las trompas se limitaron –como es preceptivo– a doblar bien las voces, bien las trompetas en los tres coros trompeteros de las partes segunda y tercera. En cuanto a las trompetas, cumplieron de forma sobresaliente su parte, debiendo destacarse a Serge Tizac como solista en The trumpet shall sound. A pesar de lo dicho, se echó en falta una mayor libertad en ornamentos y cadencias que habrían incrementado el brillo de estos coros. El coro es cosa de otro mundo. ¡Qué maravilla! Empastado, maleable, capaz de los matices más sutiles y de la extraversión más festiva, fue el gran triunfador de la noche. Cada idea e indicación del maestro de Buffalo fue ejecutada con precisión y calidad excepcionales, mostrando una clase estratosférica. El verdadero protagonista de El Mesías (el oratorio de Haendel con más coros tras Israel en Egipto) es el coro, por lo que, a pesar de los cortes, las voces de LAF nos hicieron disfrutar de lo lindo.

Las voces solistas son harina de otro costal. El cuarteto no fue lo que se dice estelar, pero mostró un homogéneo y notable nivel. El gran problema fue el volumen. Ya conocemos las limitaciones de la sala sinfónica del Auditorio Nacional, pero se exigiría un poco más. No fue el caso de Emmanuelle de Negri, lo mejor del reparto. De muy bello timbre y excelente técnica, fue la única a la que se escuchó debidamente. Tiene, además, la versatilidad necesaria para mostrar la ternura e ingenuidad exigidas en He shall feed His flock, garra en Thou art gone up on high y fervor en la maravillosa profesión de fe de I know that my Redeemer liveth. El contratenor Carlo Vistoli, procedente del semillero de Le Jardin des Voix, tiene una estupenda voz y muy buen gusto, logrando una brillante But who may abide y una conmovedora He was despised. No logró privarnos de su disfrute el inoportuno móvil de un espectador, pero sí la ira de Christie, quien paró la interpretación, abroncó al culpable y expuso al público su malestar, comenzando de nuevo desde el principio. El tenor Samuel Boden tiene un bello timbre y excelente gusto. Al margen de los mencionados problemas de volumen –en este caso sólo a veces, por lo que tendrá que trabajar la proyección–, muestra igualmente verdadero temperamento, como demostró en una airada Thou shalt break them. Decepcionante fue mi admirado Konstantin Wolff, que no tuvo su noche. Tiene buena voz y técnica, pero acudió pobre de medios, sin volumen y sin fuerza, acabando arrollado por la violencia de Why do the nations y la majestad de The trumpet shall sound. No hace falta el vozarrón estentóreo de John Tomlinson (que, como era previsible, ha acabado cantando Wagner), pero para lidiar con estas partes hay que poseer medios poderosos y una voz resonante.

Una noche, en fin, de mucho disfrutar, pero susceptible de mejora para alcanzar la perfección.

Mostrando 1 Comentario
Deja tu comentario
  1. Estimado Sr. Sarría:
    Su crítica-narración se \”escucha\”, es luminosa. Bravo. Gracias.
    Un saludo y ¡salud!
    Luis F.

Dejar un comentario

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>