La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Un glorioso ex aequo zelenkiano

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JAVIER SARRÍA PUEYO / Las sonatas para dos oboes (una de ellas para violín y oboe) y dos bajos obligados fueron, junto a la música orquestal, las composiciones que lograron sacar a Zelenka de un ostracismo que duraba más de doscientos años. El melómano con trienios recordará las preciosas ediciones que de unas y otras lanzó Archiv Produktion en los años 70, tanto en elepé como en cedé. Por muchas virtudes que pudieran acumular, esas grabaciones, nacieron casi obsoletas, pues Heinz Holliger y los suyos, tanto en el instrumentario como en los criterios interpretativo, se orientaban hacia un paradigma a punto de quedar definitivamente sepultado. Hubo que esperar hasta 1988 para que Paul Dombrecht completara su integral, iniciada seis años antes, en Accent, con Ku Ebbinge como segundo oboe en dos sonatas y un pletórico Marcel Ponseele en otras tres. En 1995 Zefiro culminó para Astrée su integral, un hito en la historia de la fonografía barroca, a pesar de lo cual la mala suerte se cernió sobre ella. En su elegante formato original duró muy poco tiempo, pues algunos años después Naïve echó sus malhadadas zarpas sobre el sello fundado por Michel Bernstein, al igual que pasó con el resto de las etiquetas adquiridas por Auvidis, pisoteando sin clemencia un catálogo de excepcional calidad. De esta forma, la integral de Bernardini y Cía. acabó en la espantosa serie tête à tête, una reedición que, para pasmo del personal, logró combinar con depurado mal gusto la cutrez más depravada con el esnobismo más absurdo.

La mala fortuna, sin embargo, acabó cediendo y pocos meses atrás Arcana ha recuperado las grabaciones y lanzado una edición en condiciones de dignidad. Y ya está… hasta hoy, cuando los mejores intérpretes zelenkianos de la historia moderna han decidido llevar al disco esta obra maestra camerística. Si a la grabación protagonizada por Dombrecht cabía reprochar la proverbial rusticidad y hasta rudeza del oboísta flamenco, así como un cierto academicismo en la aproximación general, la que presentaba Zefiro estaba ornada con los mejores atributos imaginables. ¿Logra la del Collegium 1704 desbancarla? No me atreveré a afirmar tanto, pero sí que su acercamiento no tiene nada que envidiar al de los italianos. Para empezar, cuenta con un activo que al amante del oboe barroco exigirá imperativamente la escucha: la presencia de Xenia Löffler. Su intervención como primer oboe es, en sí misma, un constante placer. Extrae de su instrumento un timbre de inigualable hermosura, con una articulación y fraseo maravillosos y, por supuesto, la excelencia técnica está más que garantizada en unas composiciones nada sencillas. El resto de los protagonistas están a la altura (Michael Bosch, oboe II y Jane Gower, fagot) y logran, junto al continuo, una interpretación extraordinaria de principio a fin.

Václav Luks, ese genio interpretativo, combina el clave con la dirección musical. El resultado se decanta, frente a Bernardini, por una lectura más lírica, de contornos más suaves, con menor contundencia en los ataques. Los artistas del 1704 nos regalan un fraseo más generoso, con una delicadeza y exquisitez en los melancólicos movimientos lentos sin comparación. Decantarse por una u otra grabación será probablemente simple cuestión de gustos, pero lo que puedo asegurar al lector es que la que hoy presento me ha hecho disfrutar como nunca de estas geniales composiciones.

ACC 24319

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