La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Vie, 7 Jul, 2017

Un Haydn nada distraido

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IMANOL TEMPRANO LECUONA / Cuarta entrega del proyecto de grabación, que no culminará hasta el año 2032 coincidiendo con el tricentenario del nacimiento del compositor,  de la integral de las sinfonías de Haydn a cargo de Il Giardino Armonico y su director Giovanni Antonini. Siguiendo con la concepción de agrupar las sinfonías de forma temática, en este volumen se presentan las sinfonías números 12, 60 y 70; la segunda de ellas lleva el sobrenombre “Il distratto” que sirve de título al disco. El hilo conductor sería el carácter teatral que, de una forma u otra y en mayor o menor medida, comparten estas obras.

El plato fuerte del disco lo constituye sin duda la sinfonía nº 60, en realidad seis números de música incidental (la obertura, cuatro entreactos y un número final) compuestos por Haydn para la obra del dramaturgo francés Jean-François Regnard Le Distrait, representada en 1774 en la temporada teatral que financiaba el patrón de Haydn, el príncipe Nikolaus Esterhazy, en sus palacios de Pressburg (hoy Bratislava) y Esterhàza. En esta obra atípica, además de algunas alusiones a los personajes de la obra de teatro, encontramos otros momentos curiosos como un pasaje del primer movimiento en que se cita el tema inicial de la sinfonía nº 45 “Los adioses” o el comienzo del último movimiento, en el que la orquesta cesa de tocar unos compases después de empezar para que los violines vuelvan a afinar. Más allá de estos toques de humor, la obra es de una calidad incuestionable y nos muestra a un Haydn lleno de recursos y en plena madurez que es capaz de conferir a un encargo circunstancial una dimensión inaudita, dotando a su música de una originalidad y capacidad de sorpresa constantes. Valga como muestra el quinto movimiento Adagio-Allegro, en el que el tema de un lirismo casi beethoveniano  alterna con una suerte de fanfarrias, produciendo un elemento distanciador muy extraño.

Las otras dos sinfonías que incluye el disco no son tan jugosas pero en absoluto carecen de interés. La nº 70 fue compuesta para la reinauguración del teatro de Esterhàza tras el incendio sufrido a finales de 1779, sólo tres años después de su apertura. Un año después Haydn compone una sinfonía en cuatro movimientos que aúna los tintes galantes con momentos más severos como el canon del segundo movimiento o la fuga triple que domina el movimiento final. La sinfonía nº12, por el contrario, consta de tres movimientos como corresponde a una obra más temprana. Compuesta en 1763, por momentos recuerda a las obras del mismo género de C.P.E.Bach.

La dirección de Antonini enfatiza el carácter teatral de estas obras, un rasgo que, en realidad, recorre toda la producción del maestro austriaco, como afirma el propio director milanés en las notas del disco. Los contrastes son destacados por unas dinámicas generosas si bien los tempi son vivos en general. Comparadas con las versiones historicistas anteriores –Hogwood, Brüggen, Goodman- esta integral en curso se diferencia ante todo por ser más vigorosa. Director y músicos conservan las señas de identidad del grupo fraguadas durante tres décadas en el repertorio barroco y hay que decir que ese característico sonido poderoso  del Giardino no le sienta nada mal a la música de Haydn, al menos en las sinfonías grabadas hasta ahora, ya veremos en las que corresponden a los años finales de su carrera. Da la impresión de que se han tomado en serio el proyecto y están plenamente comprometidos e identificados con él.

Otra de las características de la serie es que las obras de Haydn van acompañadas de alguna obra de un compositor coetáneo. En este caso el complemento es Il maestro di cappella, una escena bufa, a modo de los intermezzi napolitanos, para bajo-barítono y piano –orquestada para la grabación por el flautista Marco Brolli- atribuida a Domenico Cimarosa y en la que un maestro de la vieja escuela intenta hacerse con la riendas de una orquesta rebelde. Algunos de los músicos, concretamente contrabajos y trompas, sabotean sistemáticamente las indicaciones del director y eso da lugar a una serie de situaciones jocosas. Parece ser que la obra es en realidad un pasticcio de movimientos de distintos compositores –Paisiello y Anfossi podrían ser algunos de ellos- que se agruparon en cierto momento bajo la autoría de Cimarosa para aprovechar la popularidad de la que gozaba este compositor a finales del siglo XVIII. El barítono Ricardo Novaro, de agradable timbre, encarna al atribulado maestro de una forma impecable, con una perfecta dicción; acaso se agradecería que se desmelenara un poco más pero teniendo en cuenta que se trata de una grabación lo que podría hacer gracia en la primera escucha correría el peligro de terminar cargando. La prestación de la orquesta, que adquiere un gran protagonismo en esta obra, es sencillamente espectacular y cuesta creer que con ella se pueda llegar, como dice repetidas veces el maestro, a un “armonico fracasso” (confieso que he estado tentado de hacer un chusco juego de palabras con el nombre del grupo pero por esta vez dejamos las cosas así).

ALPHA 674

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