La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga
Publicado el: Vie, 21 Oct, 2016

Un Soler chispeante y glamuroso

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EDUARDO TORRICO / Hace apenas unas semanas tuve el infortunio de escuchar una de las grabaciones más aburridas a las que me he enfrentado en mucho tiempo. Se trataba de los Seis conciertos para dos claves de Antonio Soler, en la interpretación del francés Philippe Leroy y del norteamericano –afincado en París desde 1990­– Jory Vinikour (sello Delos). Disco tan fútil que solo resultaría rescatable del mismo el diseño de la carátula, con una ilustración de la bellísima sobrepuerta Niño montando un carnero que diseñó Francisco de Goya para el comedor de los Príncipes de Asturias del Palacio del Pardo, la cual se conserva en el Art Institute de Chicago (dado que Vinikour es natural de esta ciudad, resulta fácilmente deducible por qué se eligió esta pintura para el diseño de la portada de este tedioso disco).

Ha querido el destino que me resarza ahora de aquella negativa experiencia con esta novedad del sello Brilliant, la cual contiene esos mismos Seis conciertos para dos claves en la interpretación del dúo L’entretien des clavecins, formado por dos teclistas españoles ya veteranos aunque no demasiado conocidos por el público: Agustín Álvarez y Eusebio Fernández-Villacañas, discípulos ambos en su día de Tony Millán en el Conservatorio de Madrid y, en la actualidad, profesores de piano de los conservatorios de Guadalajara y de Alcázar de San Juan, respectivamente.

Mi idilio con estas seis obras dura ya mucho, desde que escuché en un LP –todavía no se había inventado el CD– la versión que hicieron en 1980 Kenneth Gilbert y Trevor Pinnock para el sello Archiv. Pero desde entonces apenas se me ha presentado más ocasiones de disfrutar con nuevas lecturas de estos conciertos, en buena parte por mi culpa, ya que me cuesta escucharlos si están interpretados al anacrónico piano o al órgano, por mucho que sea este el instrumento para el que realmente fueron compuestos.

Soler fue nombrado en 1766 profesor de música del infante Don Juan Gabriel de Borbón, hijo de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, fallecido a la temprana edad de 26 años a causa de la viruela. Su muerte, acaecida el 23 de noviembre de 1788, tuvo un efecto devastador en su progenitor, que fallecería solo tres semanas después a consecuencia de una neumonía y, seguramente, de la depresión y consecuente bajada de defensas que le produjo la inesperada desaparición de su querido hijo (como tantas otras veces ha sucedido en la historia de la monarquía española, el que accedió al trono, bien porque le correspondía, bien porque así lo determinaron las circunstancias, fue el menos espabilado de la familia, en este caso, Carlos IV).

El infante era un joven inteligente y culto –excelente traductor de Salustio– y hábil intérprete tanto al clave como al órgano. Para él compuso Soler un buen número de sonatas, los Seis quintetos para órgano o clave y cuarteto de cuerda y estos Seis conciertos para dos órganos, los cuales sonaron por primera vez ­–en manos de profesor y alumno­– en la Basílica del Monasterio de El Escorial, aunque lo más probable es que posteriormente, como se indica en las notas del disco, también sonaran tocados al clave en la Casita del Infante –conocida como la Casita de Arriba– del real sitio.

La interpretación de Álvarez y Fernández-Villacañas es chispeante y llena de glamur, lo que la convierte en una buena alternativa a la legendaria de Gilbert-Pinnock. Para la grabación se han utilizado sendas réplicas construidas por Andrea Restelli de un clave de Pascal Taskin y de otro de Pierre Donzelague. El sonido, sin llegar a ser deficiente, ni mucho menos, resulta un tanto extraño, columbro que debido a que la grabación se hizo seguramente en un espacio más bien reducido.

 

 

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