La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Una Pasión revolucionaria

Compartir
Etiquetas

Ibermúsica. Madrid. Auditorio Nacional. 6-IV-2017. 19:30 horas. Les Musiciens du Louvre. Marc Minkowski. J.S. Bach: Pasión según San Juan

JAVIER SARRÍA PUEYO / Resulta llamativo que, siendo ésta la quinta vez que Ibermúsica, caracterizado por su excelencia, ha programado la Pasión según San Juan de Bach, sea la primera que ha acudido a intérpretes historicistas. Y lo ha hecho de forma radical, invitando a uno de los más recientes conversos a la doctrina OVPP (one voice per part), es decir, la teoría (dogma para sus adeptos) según la cual Bach diseñó como regla general su música vocal sacra en la época de Leipzig para ser interpretada por un coro formado por solistas (una voz por partichela). Sólo escaparían de este esquema las escasas composiciones en que se conservan partichelas para ripienistas, es decir, aquellos cantantes que doblan las voces de los solistas sólo en los coros y corales. El ejemplo más conocido de esta excepción sería, según Rifkin y Parrott (los padres de la idea), la Pasión según San Juan. No entraré en la base de esta teoría, porque excedería de los propósitos de esta humilde reseña; baste con sentar que, por el momento, cualquiera que sea la calificación que se dé a la teoría (dislate o revelación), aquí estamos para juzgar los resultados artísticos. Y la noche del jueves pudimos presenciar un verdadero acontecimiento.

Marc Minkowski es un director extraordinario, sobresaliente, magnífico; cualquier calificativo positivo se queda corto, pues, como un Rey Midas convierte en oro todo lo que toca. Sólo es criticable que en los últimos años tenga el barroco un tanto arrinconado y apenas tenga presencia en disco. Como se ha indicado, hace tiempo que adoptó la tesis minimalista en Bach, como atestiguó su magnífica Misa en si menor, aparecida en Naïve años atrás. Aquí sigue con los mismos criterios, aunque hace algo de trampa, porque en lugar de permitir que los cuatro favoriti hagan todas las arias, ariosos y papeles principales (como marca su doctrina), incluyendo al Evangelista, que es quien se lleva la parte del león, realiza una distribución equitativa entre todos de las intervenciones solistas, con el fin de no sobrecargar a nadie. Con estos parámetros, es obvio que ninguna estrella rutilante del canto barroco se va a apuntar a semejante aventura, pues ejecutar un aria junto a montañas de canto coral en uno o varios conciertos no es el ideal de esta clase de cantante. Lo importante en estos casos es la solvencia individual y el trabajo de conjunto, lo que compensa, en cierto modo, la ausencia de grandes cantantes.

No queda clara la versión escogida por el director francés. En principio, la base es la versión (supuestamente primigenia) de 1724, pero añade el aria para bajo con coral Himmel reisse, Welt erbebe (nº 11b), perteneciente a la revisión de 1725, e introduce un contrafagot, presunto bassono grosso de la versión final de 1748-1750. Si esto último es bastante común y, además, la revisión que Bach llevó a cabo en los últimos años es prácticamente idéntica a la de 1724, el añadido del mencionado número no tiene ningún sentido, pues la elaboración de 1725 es muy diferente en su arquitectura y tratamiento poético (y musical). ¿No rompe de algún modo la perfecta concepción bachiana?

Prescindiendo de estas cuestiones en cierto modo secundarias, Minkowski presentó una lectura caracterizada, por encima de cualquier otra consideración, por su extraordinario dramatismo. Contundente, violenta, despiadada incluso, la extrema celeridad en los recitativos y turbas impulsa la acción de forma inaudita –en una pasión ya de por sí teatral–. Igualmente veloz es el aria con coro Eilt, ihr angefochtnen Seelen, lo que casa a la perfección con el contenido poético y musical, que llama a las almas atormentadas a apresurarse para acudir al Gólgota, con una incisividad deslumbrante. Pero no todo es correr, los momentos más contemplativos están delineados de forma magnífica, con lentitud, morosidad incluso, acariciadora e ilustrativa, como pasa con Erwäge o Es ist vollbracht, un momento de recogimiento que verdaderamente encoge el alma, como también en Zerfliesse, donde se subrayan de una forma memorable los descensos con los que Bach destaca la palabra tot (muerto). La descripción del terremoto tiene una virulencia desconocida, a lo que contribuye una sección de bajos especialmente nutrida y potente: sendos violonchelos y contrabajos, un fagot, un contrafagot, clave, órgano y archilaúd. Entre esto y la garra de la ejecución, la escena resulta tan vívida como un tonnerre de cualquier tragedia francesa.

Los coros inicial y final no pueden ser más contrastados. El monumental Her, unser herrscher –uno de los mejores coros de la historia– recibe una lectura de un impacto jamás escuchado, con unas dinámicas cuidadísimas y una contundencia en la que destaca la forma en que se golpean (no encuentro una palabra más descriptiva) las corcheas del bajo (algo parecido hizo Diego Fasolis años ha, pero no con este magnífico resultado). Aquí especialmente se recogen los réditos de la pródiga sección de bajos, con un clave particularmente percutivo y el contrafagot con sus rugosos ataques. Éste es el único momento en que se echa en falta un coro más nutrido, pero, en cualquier caso, la plegaria suplicante que constituye uno de sus subtextos, unida a la majestuosa divinidad, alcanza aquí su cénit agónico. El coro final Ruht wohl obtiene también una realización magistral, de una lentitud apaciguadora, manteniendo el ritmo de forma soberbia, como meciendo los despojos del Señor en un arrullo.

Uno de los platos fuertes de la interpretación son los coros de turba. Aquí Minkowski corre que se las pela sin excepción, aunque no es sólo una cuestión de velocidad, la incisividad, la carga teatral que aporta es fascinante, como en Kreuzige! o Weg, weg mit dem, bestiales en su paroxística crueldad. Hay momentos en que la celeridad imprimida por el director constituye un verdadero reto para los músicos (cantantes e instrumentistas), como en Lasset uns den nicht zerteilen, todo un ejercicio de virtuosismo que deja al oyente boquiabierto. Todos ellos generan un gran impacto, aunque en algún momento quizá una mayor tranquilidad habría permitido una mejor lectura del contenido retórico del texto.

Los corales reciben una interpretación óptima. No presentan unas dinámicas especialmente diferenciadas (con dos excepciones), pero están espléndidamente delineados y, tanto la agógica como el fraseo están bien contrastados. Es conmovedora la dulce conmiseración ante los sufrimientos de Cristo en Wer hat dich so geschlagen, como contundente Christus, der uns selig macht, con una segunda parte apianada, y emocionante Er nahm alles wohl in acht, tras la escena en que Jesús moribundo pone a su Madre bajo la protección de Juan. El coral que cierra la pasión se va construyendo paulatinamente, desde la más etérea sonoridad, con unas suavísimas dinámicas, hasta la contundente asertividad de la profesión de fe final.

El Evangelista de Fabio Trümpy resultó sobresaliente. Cuenta con una voz de bello timbre muy bien proyectada, algo más grave de lo acostumbrado, aunque maneja adecuadamente el falsetto cuando procede. Su lectura es impetuosa, matizada, de una teatralidad fascinante, patente en los episodios más dramáticos (corte de la oreja de Malco, canto del gallo, sollozo consiguiente, presentación de Barrabás, flagelación, terremoto…). Magnífico, en suma. Jesús está encarnado por Callum Thorpe, quien cuenta con una voz preciosa, grave, cavernosa incluso. Transmite a la perfección la solemnidad del Ungido, pero también la dulzura del hijo de María (nº 27c). Proporciona muy buena prestación también en el aria con coro Himmel reisse, Welt erbebe, aunque la voz se ahoga un tanto en los extremos de la tesitura, así como en Mein teurer Heiland, donde acaso falta algo de dulzura. Excelente el bajo Yorck Felix Speer (único cantante del reparto de la edición discográfica recién aparecida en Erato que concurrió al Auditorio Nacional), con un Pilatos inmejorable, a quien proporciona una personalidad menos benévola de la que San Juan quiso darle, y unos números líricos (el arioso Betrachte y el aria con coro Eilt, ihr angefochtnen Seelen) espléndidos, en particular en las agilidades de este último (más aún con el tempo de Minkowski). El contratenor Owen Willets, con voz algo engolada, cumple bien en Von den Stricken, como también la contralto Alessandra Visentin, aunque las pasa algo canutas en la complicada Es ist vollbracht! Las dos sopranos realizan muy buen trabajo. Laure Barras está deliciosa (tanto como la propia aria) en Ich folge dir gleichfalls, cantando con toda la ingenuidad que exige un número en que, por un momento, Bach abandona la tragedia y la gravedad y elabora una radiante aria en tonalidad mayor al ritmo de una gavota, que representa los pasos apresurados del creyente tras Jesús. Y Hanna Husáhr transmite muy bien el dolor delicuescente de Zerfliesse. Muy dramático Valerio Contaldo en Ach mein Sinn y extático en Erwäge.

La orquesta estuvo soberbia, con una calidad en conjunto sensacional. El empaste, la precisión, el compromiso expresivo, la impoluta afinación, el sentido musical, todo es excepcional. Y no son inferiores las numerosas prestaciones solistas (flautas, oboe da caccia, violas d’amore, viola da gamba, violonchelo), fastuosas en cada caso. Como hemos visto antes, tal vez los cantantes no formen parte del estrellato, pero, al margen de su excelente nivel medio en las intervenciones a solo, lo relevante es su trabajo en conjunto, como ensemble, y aquí la labor es extraordinaria, teniendo en cuenta las tremendas exigencias a las que se han enfrentado, no sólo de la partitura, también del director.

El concierto, fue, a mi juicio, un gran acontecimiento. Al excelente nivel musical se ha unido una visión rompedora; Minkowski se ha atrevido a hacer con Bach lo que casi nadie se atreve: sacudirlo, agitarlo, olvidar por un momento ese gastado y absurdo concepto místico (y mistificado) y antiteatral con el que se ha tratado de vender al Bach “verdadero”. Ha logrado una pasión que palpita, que sangra, que exuda, que duele. El resultado es una verdadera revelación.

Dejar un comentario

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>