La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Una reina haendeliana en la sombra

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JAVIER SARRÍA PUEYO / Si al melómano le pidiesen a bocajarro que mencionase tres grandes sopranos haendelianas de hoy, pocos se acordarían de Roberta Invernizzi y, sin embargo, ha hecho mucho Haendel. Y muy bien. Y también lo ha grabado, protagonizando algunos imprescindibles del de Halle, como la fastuosa serie de cantatas, dúos y serenatas que Bonizzoni hizo para Glossa. Ahora el sello escurialense nos trae el primer recital de arias operísticas del caro sassone de la milanesa. Frente a otras sopranos como Julia Lezhneva o Hasnaa Bennani, que han grabado los dos últimos recitales del género, en Queens Invernizzi, artista consagrada ya en la cincuentena, nos presenta un testimonio de madurez, demostrando lo grandísima haendeliana que es.

Para ello ha elegido arias estrenadas principalmente por Francesca Cuzzoni y Anna Maria Strada del Pò, aunque, en realidad, la parte del león se la lleva Margherita Durastanti, con su Cleopatra, centradas en personajes reales (de la realeza, no que hayan existido históricamente). Escuchando a Invernizzi uno se pregunta con cuál de las cuatro grandes divas haendelianas (a las citadas hay que añadir a Faustina Bordoni) tendría mayor afinidad, porque, sin duda, da la talla asumiendo cualquiera de sus papeles. Quizá la Stradina, expresiva y ágil al tiempo, fuera su mejor espejo. Y es que quizá el adjetivo que mejor define a esta cantante sea el de expresiva. Dotada de una voz con cuerpo y un colorido dorado, es la antítesis de la pálida soprano anglosajona dedicada al barroco. Pero, eso sí, siempre dentro de estilo, nada parecido a una Fleming haciendo Haendel como si de Donizetti se tratase. Así, logra una profundidad en los afectos en su Se pietà (¡menudos pianos en la sección B!) que no logró Bennani y ni siquiera Prohaska en su reciente Serpent & Fire, aunque es todavía mejor su Piangerò, una de las interpretaciones más emotivas de la discografía. En Ah, mio cor!, por otra parte, emplea de modo sensacional la messa di voce, con constantes inflexiones, sin que haya detalle que no realce de alguna manera. En los momentos más animados, donde la coloratura hace acto de presencia, está igualmente extraordinaria, sorprendiendo su dominio técnico (Da tempesta, Scherza in mar la navicella, Scoglio d’immota fronte). Por último, deben destacarse sus magníficos ornamentos, llenos de gusto e imaginación (Tu la mia stella sei).

La orquesta está muy elegante y musical, logra un bello sonido y es todo equilibrio y serenidad, pero está excesivamente contenida en momentos que exigen a gritos algo más de sangre. ¡Parecen ingleses! Así, las tempestades anunciadas en algunas arias no pasan aquí de un manso orvallo.

A pesar del mejorable acompañamiento orquestal, este disco, muy bien grabado, es, a mi modesto entender, el mejor recital haendeliano de los últimos años, una verdadera joya que hay que atesorar.

GCD 922904

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