La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Vitalidad+calidad artística=El Canto de Orfeo, en el Palacio Real de Madrid

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Festival de Arte Sacro. Madrid. Capilla del Palacio Real de Madrid. 3 de abril de 2017. El Canto de Orfeo. Ad Servitium Ecclesiae

SOLEDAD BORDAS / Vitalidad, ritmo y tensión. Eso dejó claro desde la primera obra el ensemble “El Canto de Orfeo” en la Capilla del Palacio Real de Madrid.

Fundado por la violinista Leonor de Lera en 2015, el ensemble está formado por ella misma al violín y la dirección artística, y por Emmanuel Resche, violín barroco, Josué Meléndez y Manuel Pascual, cornettos, Rodney Prada, viola da gamba, Josep Maria Martí, tiorba, guitarra barroca y Javier Núñez, clave. Pudimos comprobar que  ella es excelente y que ha sabido rodearse de los mejores.

Para este concierto eligieron obras compuestas por autores italianos del siglo XVII cuya característica común fue trabajar al servicio de la Iglesia. Tener un trabajo como músico, (entonces y ahora) es un logro personal. No solo contrataba la Iglesia sino reyes, emperadores y casas nobles, como por ejemplo Segismundo III o los Gonzaga. Claro que había rangos, no era lo mismo trabajar en San Marcos de Venecia que en Bolonia y en ocasiones el repertorio se veía forzado por las limitaciones materiales de las capillas donde trabajan. Todos los compositores eran organistas o violinistas o cantantes y no solo escribían música sacra sino también  música de cámara para divertimento de sus señores y para el baile, algunas de las cuales son las que se pudieron escuchar en este concierto.

Catorce piezas de diferentes autores italianos del siglo XVII: Tarquino Merula, Giovanni Paolo Cima, Giovanni Battista Buonamente, Dario Castello, Giuseppe Scarani, Maurizio Cazzati, G.P. Palestrina, Lodovico Grossi da Viadana, Francesco Cavalli,  Agostino Gerrieri, Giovanni  Legrenzi… El que no sean los más famosos no significa que no sean fundamentales dentro de la historia de la música, pues son los que con su creatividad y trabajo iniciaron tendencias, cambiaron cosas, abrieron caminos, enseñaron.

Recuperarlos para el público de hoy es un trabajo de investigación y sabiduría que pudimos escuchar en la capilla del Palacio Real el pasado martes 4 de abril.

El grupo al completo: dos violines, dos cornettos, viola da gamba, tiorba (o guitarra) y clave actuaron juntos  en “Ballo detto Eccardo”  y “Ballo detto Polliccio” de Merula, “ Ciaccona a 3” de Cavalli y Sonata a 4 violini” de Legrenzi.

En el resto de las piezas se agruparon según las exigencias de la partitura y en cada una de ella uno o dos de los intérpretes eran los protagonistas, en un reparto que nos permitió admirar las habilidades individuales, incluso las de los instrumentistas que habitualmente hacen el bajo continuo: clave, tiorba y viola da gamba.

En la “Sonata per violino e basso” de Castello, Leonor de Lera demostró su virtuosismo y musicalidad, asombrando al público con los rapidísimos y brillantes  pasajes de la sonata. Emmanuel Resche demostró el mismo virtuosismo y capacidad en “Canzon francese in risposta” de Viadana, dialogando elegantemente con un corneta.

En la “Sonata per due canti” de Scarani, los dos cornetas, Josué Meléndez y Manuel Pascual cantaron juntos. Parece increíble que de esos “palos curvos con agujeros” puedan sacarse tan bellas y expresivas sonoridades. Grandes músicos ambos.

En “Pulchra es amica mea” de Palestrina/L. de Lera, el protagonismo lo asumió Rodney Prada con su viola da gamba. Magnífico instrumentista y bellísimo instrumento.

Josep María Martí alternó el uso de  la tiorba y la guitarra barroca. Cuando tocaba con guitarra sus rasgueos evocaron los de la música popular que actualmente se siguen usando, entendimos de donde vienen sus orígenes. Especialmente en “ Capriccio sopra sette note” de Cazzati nos dejó maravillados. Tocó con entusiasmo en todas las piezas, fuera o no protagonista su instrumento; pocas veces el continuo se ha escuchado con tanta sonoridad.

Y qué decir de Javier Núñez, que sin descanso desde el clave aportó armonías, ornamentos y diálogos con el resto de instrumentos en todas las piezas.

Los asistentes al concierto queríamos haber salido a bailar pero no nos atrevimos a hacerlo en una capilla, la del Palacio Real, que fue un espacio especialmente idóneo para este repertorio.

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