La Quinta de Mahler Beckmesser Revista El arte de la fuga

Vuelta a los orígenes

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JAVIER SARRÍA PUEYO / En 2015 Il Giardino Armonico cumplió treinta años de existencia y la revista italiana Amadeus lo celebró dedicando a la agrupación su número de diciembre, al que acompañó de una grabación inédita dedicada a Telemann y la flauta dulce, realizada entre febrero de 2012 y marzo de 2013. Este incunable, de difusión lógicamente escasa fuera de Italia es la que hoy reedita para general felicidad el sello Alpha. Con ello tanto Giovanni Antonini como Telemann vuelven a un repertorio casi tópico, muy asociado antaño a ambos. En efecto, si el hoy reputado director, cuyos reales asienta en los más elevados podios sinfónicos, hizo sus primeras armas con la humilde flauta dulce en boca, Telemann durante mucho tiempo fue el compositor de la flauta dulce, protagonizando en gran medida la recuperación de este instrumento fuera del ámbito pedagógico. Afortunadamente nuestra visión de ambos se ha visto enriquecida con perspectivas más realistas, permitiéndonos disfrutar de las muchas facetas que presentan ambos músicos. Pero ¿por qué no una vuela a los orígenes?

Cuatro son las composiciones que Il Giardino Armonico nos ofrece aquí. La primera es la celebérrima suite en la menor para flauta dulce, cuerda y bajo continuo, catalogada como TWV 55:a2. Se trata de una de las composiciones más célebres del maestro de Magdeburgo y, sin duda, la más grabada. En los últimos años se han enfrentado a ella auténticos monstruos del instrumento, como Maurice Steger o Dan Laurin, con resultados óptimos en ambos casos. La versión de Antonini, sin descuidar en absoluto el virtuosismo, que colma con creces, atiende quizá más a aspectos expresivos que subyacen en las notas, con un toque de madurez, el profundo sabor a roble que queda tras una prolongada crianza, que deja en el oyente un poso tal vez menos chispeante que los anteriores, pero más largo y complejo. El magnífico concierto en do mayor (TWV 51:C1) es otra composición bien representada en el catálogo. Melodioso y virtuoso, Antonini va sobrado de dedos en el Allegro y el Tempo di menuet, fraseando de forma excelente en el Allegretto y el Andante. Lo más interesante, sin embargo, descansa en las dos composiciones de menor formato. Aun presentado como sonata, el cuarteto TWV 43:F2 para dos chalumeaux, violín y continuo es un verdadero concierto de cámara en que los tres protagonistas dialogan de forma concertada a lo largo de sus cuatro movimientos, a cada cual más bello e interesante, desde la breve zarabanda inicial hasta en animadísimo vivace conclusivo. Una rareza apenas grabada que cuenta, además, con el aliciente de la sugerente y hermosísima sonoridad del chalumeau. Al final se sitúa el concierto de cámara en sol menor TWV 43:g3, en el que una flauta dulce dialoga con dos violines apoyados en el continuo. Su bellísima siciliana es uno de los grandes momentos camerísticos del maestro de Magdeburgo que todo melómano debería conocer. Excelente el milanés también es estas últimas obras, debiendo destacarse su dominio del chalumeau, un instrumento con que no se le suele asociar. Il Giardino Armonico, en formación de un instrumento por parte, está tan espléndido como siempre (todavía figura Enrico Onofri como concertino), siguiendo la estela de moderación (dentro de su constante de extraversión tan característica) iniciada por aquellos años. Excelente sonido, por cierto.

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